sábado, 19 de diciembre de 2015

La importancia de consumir más frutas y verduras orgánicas: su impacto socio-económico

Augusto Bircher: Comprendo de mi suerte, las cosas que tengo al alcance, agua, comida, ropa, computadora, movilidad no es un merecimiento de algunos y un castigo para quienes no lo tienen. El planeta está sufriendo el excesivo consumo de recursos de parte del humano, un argentino con hábitos promedio consume en toda su vida aproximadamente 3 planetas, teniendo en cuenta que esos hábitos se le aplica a 7.300 millones de habitantes, generamos una Huella ecológica negativa.
Como todos sabemos, al no haber 3 planetas, más de un tercio de la población no tiene estos recursos . Espero ser mucho más consciente de todo en el 2016, y ojalá se prenda la lámpara para dañar menos y ayudar un poco más.


Lilia Parisí: Si! Completamente de acuerdo. Sí, quiero agregar Augus, que la falta de recursos en aquellos que no tienen (independientemente del excesivo y nocivo consumo y vínculo con el planeta) se debe a las relaciones de propiedad. Como decís vos "si nos organizamos comemos todos". Todos podríamos comer, si el modo de producción capitalista no abusara de la tierra, y generará ganancias extraordinarias con eso. A mi entender en el "si nos organizamos" entra el fin del capitalismo.

Fede Calosso: Coincido plenamente que con este modelo capitalista es inviable cualquier cambio significativo y sólo nos queda lo peor, especialmente para los humanos y las miles de especies que nos llevamos puestas. Pero fíjate que para generar un cambio de verdad, como bien dice Augus, cada uno tiene que ir tomando conciencia y cambiando su modo de relación, con lo cual llegamos al punto de necesitar un cambio a nivel de relaciones sociales y entre ellas las relativas a la producción y el consumo. También inevitablemente aparecen las políticas públicas, ya nos pasó con Monsanto, con la megaminería, con el fracking, con los desmontes para sembrar soja para alimentar animales, con los alimentos transgénicos. Van de la mano, es parte de la coherencia. Si nos alimentamos con más frutas y verduras de producción orgánica o, como gustan llamar, biodinámica, en definitiva respetando al medio ambiente, necesitamos una mayor producción a baja escala que nos asegure su calidad, por lo tanto eso significaría mayor cantidad de productores agrícolas dedicados a la horticultura y fruticultura y menos tierra dedicada a cultivos extensivos. Esto requiere de otra planificación político-económica, pues requiere fomentar e incentivar esos modos de producción particulares, brindándoles créditos por ejemplo, exenciones impositivas, programas de multiplicación de cooperativas dedicadas al rubro, mayores controles de calidad para asegurar el no uso de agroquímicos, etc. Esto demanda mayor mano de obra (que se perdió con la tecnología de punta aplicada hoy en día que sólo sirve para asegurar mayor rentabillidad pero no calidad, como lo demuestran la calidad de los nutrientes presentes en los vegetales obtenidos mediante estos métodos versus la producción agroecológica, la permacultura y la biodinámica) y una vuelta al campo, una vuelta a la tierra. Es como un desandar el mal camino, sin por ello descartar lo que contribuya a una vida más sana y respetuosa con el medio.