sábado, 21 de noviembre de 2015

La defensa del verdugo por sus propias víctimas

En defensa del capitalismo, así argumentan quienes defienden a Scioli. Como trabajador, como ser pensante, no puedo dejarme engatuzar por este viejo artilugio demagógico del mal menor. Debo defender mis intereses de clase, que nada tienen que ver con ambas propuestas. En ambas salgo perdiendo. Claro, para la "clase media" es diferente, pues responde al capitalismo y lo defiende a capa y espada, pues cree posible su realización individual dentro del sistema. Es otro atrapado más en este espejismo. Que hoy ve amenazadas las conquistas que en la práctica trata como concesiones, pues las asocia al gobierno ignorando el proceso imprescindible de luchas que condujo a alcanzarlas. Es lo que hizo Perón con los históricos reclamos de la clase obrera que defendieron con su vida militantes anarquistas, socialistas y comunistas décadas antes de la existencia del peronismo. Es lo que desde entonces intenta hacer, frenar todo intento de reivindicación de la clase obrera por parte de la izquierda quien justamente las inició a finales del siglo XIX. Es el intento constante de negar la historia de la clase obrera y de su triste destino subyugado a la clase dominante bajo fútiles promesas de bienestar. Bajo su falso discurso progresista esconde su profundo rechazo clasista, su negación a considerarse parte de la clase obrera, sus temores y su falta de agallas para pelearla desde abajo, su falsa utopía de bajo vuelo, eternamente condenada al mundo de lo posible. Es la mediocridad política hecha carne, la misma que se deja seducir una y otra vez por los encantadores cantos de sirena del capitalismo, que le prometen una y otra vez un lugar en el paraíso de los más pudientes, paraíso cada vez más exclusivo y excluyente. O, peor aún, es la complicidad fatal de la inacción, aquella que certeramente advirtiera Albert Einstein acerca de quienes se conforman con mirar lo que sucede desde sus cómodas butacas de espectador que el propio sistema les reserva, aunque en el fondo lleven una chispa, un recuerdo primigenio de su verdadero origen y su verdadero lugar dentro de este estridente concierto disonante, la misma que volverá a encenderse cada vez que una calamidad financiera, o un estrepitoso golpe de timón político los coloque nuevamente a nuestro lado en el fragor de la lucha.