sábado, 29 de agosto de 2015

La paradoja tecnológica

Vivimos en un mundo cada vez más tecnológico. Nuestra vida se ve cada vez más copada por la tecnología. Cada día, la ciencia nos maravilla con un nuevo descubrimiento y aparecen nuevos artefactos que prometen hacer aún más confortable nuestra vida. Con semejante soporte, inédito en nuestra historia como especie, todo parecería augurarnos un futuro de plena satisfacción y felicidad.

Sin embargo, esto dista mucho de ser real. A pesar de los continuos avances de la ciencia en medicina, aumentando cada día nuestro conocimiento sobre nuestro propio organismo, las enfermedades que padecemos, generando vacunas y fármacos, introduciendo alta tecnología en las cirugías y demás operaciones, suplementos dietarios y miles de variantes alimenticias, vemos crecer las estadísticas de personas muertas por enfermedades prevenibles como hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares, ACV, decenas de tipos de cánceres. Esto por sí solo no sería un problema tan importante, ya que sabemos que en anteriores generaciones las pestes, hambrunas y las guerras diezmaban a las poblaciones, pero encontrar cada vez gente más joven padeciendo enfermedades que otrora se vinculaban mayoritariamente a personas adultas o ancianas, por un lado, y cada vez más niños padeciendo nuevos tipos de alergias, por otro, nos dan la pauta que algo no anda bien en este asunto.

Esto mismo sucede en cualquier otro ámbito: el trabajo, el ocio, la alimentación, el transporte, la vestimenta, el deporte, la política, la economía, las reuniones o eventos sociales, la familia, la educación ... incluso se palpita en la calle. No hay ámbito donde esta paradoja existencial se mantenga ausente. La tecnología es hoy el dios omnipresente en cada detalle de la vida humana y pese a sus incalculables aportes, allí donde llegó para quedarse ha ocasionado más pérdidas que ganancias. No es casual que surjan movimientos sociales que pugnen por una vuelta hacia la relación primigenia con el resto del planeta, a volver a acercarnos a la naturaleza.

Nuestra vida, en todos los órdenes, se ha tornado cada vez más artificial, y esto ha generado más angustia que felicidad, más problemas que soluciones.

¿Por qué?

Quizás la respuesta, o al menos parte de ella, esté en el mismo recorrido que hemos realizado a lo largo de nuestra existencia como especie. Estamos en una etapa donde nos hemos adentrado entusiastas por un camino que nos parecía iba a conducirnos hacia la dicha y la felicidad, pero al recorrerlo nos fascinamos y nos enganchamos al punto del fanatismo, nos dejamos de cuestionar si era la dirección correcta porque ya estábamos muy avanzados en él y hace un tiempo que empezamos a divisar, cada vez más cerca, el abismo hacia el cual nos conduce.
Si repasamos la descripción anterior cuidadosamente, veremos en ella las características de un adicto. El diagnóstico es inapelable: somos adictos a la tecnología, estamos enganchados con esta vida artificial. Y como toda adicción, estamos pagando un costo altísimo, poniendo en riesgo incluso nuestra propia existencia como especie. Hoy podemos afirmar, casi con seguridad, que el planeta seguirá existiendo sin nosotros, que la vida en el planeta tendría la oportunidad de recuperar el equilibrio que hemos quebrado a través de nuestros abusos. El asunto, entonces, no es recuperar el equilibrio con nuestro hábitat por la naturaleza sino por nosotros mismos. En alguna parte de nuestro camino nos hemos desviado peligrosamente, hemos perdido el rumbo conjunto al resto de la vida, nos hemos auto-exiliado del paraíso donde no teníamos más depredador que nuestros propios defectos.

La tecnología, por sí misma, no puede ser la causante de nuestros males, ya que depende enteramente de nosotros. Lejos está de cumplirse la profecía del terror infundido por una tecnología con dominio propio que nos desplazaba a los seres humanos. Pero es una buena muestra de lo que somos, pues es a través de estos miedos que mostramos nuestra verdadera piel. Porque aquí aparece implícita la idea del hombre dominante del planeta, sometiéndolo a sus designios, hay una clara relación de poder puesta en juego por esta concepción del mundo. La máquina aparece como la peor pesadilla porque no existe amenaza alguna de su poder por parte de ninguna otra especie del planeta, mientras que los avances científicos tecnológicos aplicados a la cibernética y a la inteligencia artificial le dan la idea de una futura máquina inteligente que cobre vida y pretenda, como su creador, dominar al mundo. Hoy, sin embargo, vemos acrecentados los argumentos contrarios a esta fantástica hipótesis a la par de pruebas cada vez más concluyentes acerca de la amenaza que suponemos para el planeta con nuestro modelo de vida.
Así que el verdadero peligro está en nosotros mismos.

Por si queda alguna duda, repasar la etimología de la palabra tecnología no da margen alguno de duda. Su origen se remonta al antiguo vocablo griego tekné que significa instrumento. Es decir, todo lo que nos sirva de medio para lograr algo. La tecnología, entonces, es un medio para conseguir lo que queremos.

Ahí encuentro una pista acerca de la paradoja tecnológica:
Si la tecnología es un medio, se interpone entre nosotros y nuestro objetivo. Si quiero recoger manzanas del árbol, puedo subirme directamente y tomarlas, o puedo utilizar un palo, una herramienta o una máquina. Como todo en la vida, obtenemos beneficios a cambio de sacrificios. Aún cuando una herramienta o una máquina pudieran lograr mejor el cometido, hay ciertas cuestiones que pierdo al utilizarlas. Primero el hecho de conseguir esa herramienta o máquina, sea si la fabrico yo (todo el esfuerzo, el tiempo y los recursos que demanda hasta conseguirlo) o si lo adquiero de otro (nuevamente, demanda recursos para obtenerlo) pero además, y no menos importante, me aleja de la experiencia real de la recolección. El esfuerzo físico, las habilidades y destrezas puestas en juego a la hora de subir al árbol, movernos a través de él, tomar los frutos, etc.

La tecnología modifica nuestra relación con el entorno reduciendo nuestra interacción con el mismo ya que oficia de intermediario.

La paradoja se torna evidente cuando analizamos las tecnologías de información y de comunicación. Vemos que a lo largo de nuestra historia desarrollamos más medios para estar cada vez más desinformados y, lo que es peor, cada vez más incomunicados. Las relaciones personales, cara a cara, que son la forma más fructífera de interacción entre seres vivos, cada vez son más escasas y cada vez más derivadas a los medios. Los medios de información, a su vez, se dedican cada vez más a espiarnos y a tratar de condicionar nuestras elecciones al punto de restringir en la práctica las opciones a las que ellos promueven. Se ha desvirtuado totalmente su rol al punto tal que no tiene sentido hablar de medios de información. Por el contrario, los nuevos medios de comunicación nos brindan cada vez más información generando un fenómeno de saturación frente al cual respondemos mediante el olvido. El olvido en realidad oficia de conducta defensiva frente al bombardeo de información al que nos sometemos constantemente, en un vano intento por mantener cierto equilibrio mínimo, alterado ya por el ritmo frenético que le imprimimos a nuestra vida cotidiana.En ese ritmo no distinguimos lo verdaderamente importante de lo accesorio, o como gusta llamarle por aquí, "ponemos en el mismo escaparate la biblia y el calefón". En este estado, ya ni siquiera podemos discutir si el fin justifica los medios, ya que éstos se lo han tragado todo.

Vivimos a través de medios.

Ahora bien ¿qué trae aparejado utilizar un medio?

Pensemos por un momento que por sufrir algún accidente o por la misma vejez tenemos la necesidad de emplear un bastón. Es indiscutible el hecho del aporte que nos brinda el bastón para poder movilizarnos, pero también es un hecho que tenemos una dependencia hacia él. En la medida que esta relación sea razonable tendrá un sentido positivo el uso del bastón. Por ejemplo, me ayudará en las primeras semanas de convalescencia hasta ir tomando fuerza al realizar la rehabilitación. Ahora, si no me esfuerzo por salir de su dependencia, acabaré necesitándolo cada vez más. Esto le sucede a muchas personas mayores que no tienen el suficiente estímulo propio para valerse por sí mismos, aún cuando todavía tienen posibilidades. Pero esta situación se torna aún más clara cuando pensamos en un bebé que intente dar sus primeros pasos. Cuando logra estabilizarse de pie, intenta caminar apoyándose en algún mueble que encuentre en su paso e incluso en nosotros mismos. Pero al tomar fuerza y adquirir paulatinamente la habilidad motora, tratará de hacerlo por sus propios medios.

Un medio, entonces, trae aparejada una relación de dependencia.

¿En qué inciden esas relaciones de dependencia?

La dependencia está íntimamente relacionada con el poder. Así como nos gusta decir que la libertad tiene como contracara a la responsabilidad, podemos decir que la dependencia es la contracara del poder.
En los ejemplos anteriores, muy simples pero ilustrativos, podemos observar claramente cómo se ponen en juego relaciones de poder: el poder de caminar por los propios medios se contrapone a la dependencia de un medio externo para hacerlo, como el bastón u otro objeto o sujeto en quien apoyarse.

Paradójicamente, el ser humano se ha declarado el dominador de la naturaleza subyugándola a sus designios a la vez que muestra su total dependencia tecnológica, la cual supo ser su aliada en la conquista de la naturaleza.

Esta visión tan escindida entre los seres humanos y la naturaleza es la que más daño ha causado en el planeta y en nosotros mismos.
Es hora de revisar estas cuestiones con la seriedad y la profundidad que se merecen, no sólo como una cuestión teórica sino también de llevarlo a la práctica. Soy partícipe de este cambio y hasta ahora me ha supuesto nuevos desafíos que antes podían parecerme insuperables, sin embargo hoy son una realidad que me llena de dicha, de ganas de vivir, en definitiva, de felicidad.

La cuestión es si estamos dispuestos a cambiar como sociedad, superar esta dependencia crónica y reencontrarnos con nuestra verdadera esencia al reconciliarnos con la naturaleza.

domingo, 23 de agosto de 2015

Cantos de sirenas en pleno siglo XXI

Es curioso como un simple video que se "viraliza" puede generar tanto revuelo en tan corto tiempo y después desaparecer como vino. En este caso me ocupo de uno de ellos, concretamente de una conferencia en Zaragoza y de Gloria Alvarez, una guatemalteca que aparece dando cátedras de política y civismo desde la fundación Libertad y Progreso y que llegó hasta mí de la mano de mi hermana, quien se encontraba fascinada con ella.
Tras unos breves minutos de escucharla supe que algo no estaba bien, pero hubiera sido instantáneo si hubiese empezado por el discurso que cito en el cual comienza planteando como fuente de todos nuestros males al populismo, al cual hay que combatir desde todos los sectores "ya el debate de izquierdas y derechas, de hecho, es más utilizado por los populistas que por las personas que estamos tratando de rescatar las instituciones"  y propone como contraparte la recuperación de las instituciones "porque realmente es la República la que garantiza la institucionalidad del Estado".
Este es un viejo discurso utilizado por los neoliberales pretendiendo darse un lavado de cara y atraer a personas de distintas formaciones ideológicas, negando de plano su total complicidad con las peores dictaduras que asolaron Latinoamérica en los '70 y que fueron impulsadas y promovidas justamente por los más férreos defensores del libre mercado.
Sin embargo, noté que muchas personas se la habían tomado seriamente, así que busqué otros videos para analizar mejor sus ideas.
Sobre esta entrevista que le realiza Alejandro Fantino en Animales Sueltos realicé el siguiente comentario:
Estaría bueno que explique a qué se refiere y que dé argumentos cuando dice que en las universidades estatales les inculcan un "marxismo obsoleto para el siglo XXI". Hasta ahora solamente le escucho conceptos muy burdos, muy simples, con muy poco sustento. Es lamentable darle demasiada lata a este tipo de charlatanes que defenestran contra una versión capitalista que es una fantochada (descubre la pólvora ...) y defienden a otra que fracasó rotundamente y que en ese fracaso nos sumió en la peor de las situaciones como humanidad y como planeta, la neoliberal. Es una contradicción andante ya que comenzó su participación desde la ecología y ahora defiende los ideales que más daño le han hecho a nuestro planeta. Quisiera rescatarle su superficial análisis social (claro, si no tiene la más mínima base sociológica) en el cual nos incita a la reflexión y a hacernos cargo de nuestras acciones, varios de sus argumentos contra el populismo, pero les recuerdo que un brillante psicólogo, surgido de la escuela de Frankfurt, realizó un profundo y valioso trabajo sobre este tipo de relaciones en un libro denominado "El miedo a la libertad": se trata de Erich Fromm. Por último, les recuerdo que la idiosincrasia del argentino incluye reaccionar inmediatamente contra las medidas impopulares, por lo cual los políticos típicos de derecha terminan volcándose también al populismo. El caso de los gobernadores (elijan el que quieran, aquí en Córdoba tenemos al mesiánico De La Sota que publicó su libro El Hombre y se cree El Elegido ...) o del famoso ex presidente de Boca Juniors y ex Jefe de Gobierno de la C.A.B.A. Mauricio Macri nos muestran que a pesar de ser defensores acérrimos del libremercado proponen y aceptan medidas populares ya que sino la mayoría no los vota. Entonces la salida real del populismo, lejos de corresponder a la dicotomía inexistente con la República, es o mediante la toma de medidas impopulares como ocurre en Europa o bien mediante un cambio más profundo del sistema económico para proponer otras formas de relaciones: el cambio es, entonces, por derecha o por izquierda.¡ Justamente lo que niega Gloria Alvarez!

Luego me tomé el trabajo de ver algunos videos de su fundación. Por ejemplo, podemos ver acá un vídeo sobre la inflación que lo único que hace es promover el libre mercado. Las políticas de libre mercado nos llevaron a la bancarrota de 2001 pues nos sujeta a las crisis de los mercados internacionales. Lo que encontré es a muchos necios que no quieren asumir la debacle mundial del capitalismo: cómo un minúsculo grupo dueño de cada vez más capital y más poder nos deja cada vez más pobres. Si se impusiera el libre mercado simplemente este proceso de desplumarnos se aceleraría ya que carecería de las trabas que imponen los Estados y los acuerdos internacionales, es así de simple. No podemos dejar nuestro futuro, ya no como países sino como especie (recordemos cómo hemos destruido el planeta) a un puñado de timberos que se juegan nuestro destino en las bolsas de valores y que esconden su capital tras el anonimato de las sociedades anónimas de los bancos cómplices que guardan el dinero que nos esquilman. Es claro que este modelo demostró hace rato conducirnos a la destrucción, pero como si de adictos se tratare, aún muchos humanos seguimos empedernidos en sostenerlo. El capitalismo no va más, es hora de cambiar de rumbo. Necesitamos otro modelo de producción que atienda más a nuestras necesidades reales por sobre la simple competencia. Nuestra vida y la de todo el planeta no es un juego y no debería tratarse como tal, como viene haciéndose con el capitalismo. Es hora que nos hagamos cargo de nuestros propios conflictos personales, de nuestros propios mambos mentales que nos llevan a pretender más y más en una absurda carrera hacia la nada. Si empezamos a tomar conciencia que podemos vivir dignamente con muchísimo menos que lo que propone consumir este sistema y lo llevamos a la práctica, si valoramos más cuestiones intangibles que realmente nos hacen crecer como personas, tales como la dignidad, la autoestima, la autocrítica, la humildad, la autosuperación, la empatía, la solidaridad, el compromiso con el futuro del planeta, el sabernos parte de él y no los poseedores, si conseguimos bajar ese ego tan inflado y nos escuchamos verdaderamente tendremos chances de construir un mundo más colaborativo, más justo y fundamentalmente más sano.

Además, cuentan con este otro vídeo del cual les comento a continuación. Como siempre que veo o leo algo de educación, todo comienza con un excelente análisis histórico de la educación, le sigue un análisis parcializado de la situación actual y luego una serie de propuestas que responden a los intereses de quienes lo proponen. En este caso, era de esperar ver propuestas retrógradas enmascaradas con innovaciones tecnológicas en un intento por convencernos de la necesidad de descentralizar la educación y someterla a las leyes del Mercado. Es decir, no podemos dejar afuera el contexto actual y esperar que el sujeto imperante en este sistema capitalista se quede de brazos cruzados para asegurarnos esa tan anunciada libertad. Puros cantos de sirenas, eso es lo que venden estos videos. Las nuevas tecnologías en sí mismas no pueden generar una mejora, sabemos por innumerables ejemplos que es el uso que le demos a la tecnología el que decide en sí su destino. Lamento decir que en las escuelas la introducción de estas tecnologías no hizo sino retroceder a los alumnos en cuanto a su nivel de aprendizajes y es fácil para quienes somos docentes encontrar la causa. Recordándoles la metáfora de la mariposa que debe salir de su capullo, sabemos que cuanto más procesada llega la información a nuestros alumnos, cuanto más automatizada sea su interacción durante el pretendido proceso de enseñanza-aprendizaje menor será su oportunidad de realizar un crecimiento a partir de él. El sistema que enuncian como obsoleto incluía la lectura y la escritura como actividades fundamentales, la primera se realizaba fundamentalmente a partir de libros de textos, prácticamente sin figuras ni imágenes, en tanto que la segunda muchas veces respondía a los dictados del docente y a las composiciones propias de los alumnos. A primera vista pueden parecer muy burdos, pero el hecho de tener que recrear todo un mundo a partir de unos simples símbolos escritos genera una demanda de creatividad en el alumno mucho mayor que el que pueda darle cualquiera de las tecnologías de punta actuales. Por otro lado, el hecho de reproducir por escrito un dictado los obliga a prestar atención, aprender a escuchar, por un lado (que cada vez menos sepamos escucharnos no es pura coincidencia) y a saber transcribir correctamente por otro (las cada vez mayores faltas ortográficas tampoco son pura coincidencia). Si a esto último le sumamos la responsabilidad de elaborar un texto sobre un tema dado, el cual tendrá que tener la coherencia y la corrección gramatical que permita entenderlo, pues nuevamente contamos con algo insuperable por cuanta tecnología actual se nos pueda ocurrir. Porque no depende de la tecnología, sino del esfuerzo que deberá realizar el alumno para lograr su cometido (nuevamente, cualquier similitud con la cultura del trabajo no es pura coincidencia) y porque el esfuerzo se focaliza específicamente en habilidades mentales más allá de las motrices (no se trata de apretar botoncitos o manejar una pantalla táctil o de mover el mouse) o de la multitarea (tampoco de prestar atención a varios contenidos al mismo tiempo) y la principal de éstas es la IMAGINACIÓN. Nada incentiva más la imaginación de una persona que el escuchar o leer una historia TENIENDO QUE IMAGINÁRSELA, así de simple. La pérdida del hábito de la lectura de texto llano y, peor aún, de la escucha de un relato, es el arma más mortífera contra la imaginación. Sin imaginación la creatividad disminuye, al igual que la posibilidad de REFLEXIÓN. Al disminuir la posibilidad de reflexión, disminuye la posibilidad de crítica, especialmente de la más importante, la AUTOCRÍTICA. En este panorama ¿CÓMO PODEMOS PRETENDER INCULCAR UN PENSAMIENTO CRÍTICO?
Para el último dejé lo más evidente y detestable, la propuesta que desde hace décadas es una realidad en Argentina sobre el aporte del estado a la Educación en general, sea ésta pública o privada, de manera tal "que sean los padres quienes decidan dónde continuar la educación de sus hijos". Esta falacia es de una gravedad tal que nos sitúa hoy frente a una Educación al borde del colapso. ¿Por qué? Pues porque el aporte por igual tanto a un sistema privado como estatal genera DESIGUALDADES  aún mayores. La Educación privada, además del aporte estatal, cobra cuotas cada vez más altas a los padres; la educación pública debe contentarse con lo que pueda recolectar a través de una cooperadora. El resultado de estas políticas neoliberales fue bochornoso y por todos bien conocido: la destrucción de la educación pública. Ante las consecuencias que esto pudiera generar, el Estado Populista invirtió en Educación cifras históricas que permitieron emparchar la situación y sostenerla unos años más, con el riesgo latente debido a la alta deuda creciente del Estado y demás problemas económicos que exceden este comentario. Lo importante es dejar bien en claro que la consecuencia de una política así es el total ARANCELAMIENTO de la Educación y, aún peor, el pase del control de la misma a la fase privada la deja en manos de los sectores más poderosos. Es decir, LA EDUCACIÓN EN MANOS DEL MERCADO. Hoy por hoy significaría que sólo asistirían a la escuela quienes pudieran pagarla y encima la mayoría de ellas responden a instituciones religiosas retrógradas. ¿ESTE ES EL PROGRESO QUE PROPONEN? ¿CUÁL ES LA LIBERTAD CUANDO NI SIQUIERA PODÉS EDUCAR A TUS HIJOS?
En síntesis, este video nos muestra pura retórica para HIPOTECAR EL FUTURO DE NUESTROS NIÑOS.

lunes, 10 de agosto de 2015

elecciones

Por estos tiempos de nuevas tecnologías y redes sociales nos vemos inundados de mensajes acerca de las elecciones y por un breve tiempo se agitan las turbias aguas de la política oficial. Sí, digo política oficial porque al parecer se ha institucionalizado una forma de hacer política a través de los partidos tradicionales y de otros nuevos pero con viejos conocidos aún más conservadores que los integrantes de aquéllos. Al parecer el mensaje oficial nos trata de convencer que la elección se reduce a dos o tres candidatos y que el resto aparecen como simples figurantes, como si de una obra teatral o fílmica se tratara. En el imperio de las apariencias nos volcamos en uno u otro sentido, aunque más allá de las chicanas los candidatos se parezcan demasiado. Un verdadero síntoma de que esto toma un estado putrefacto y del cual cada vez más nos empezamos a hartar y a romper el silencio.

En primer lugar, creer que uno realmente elige cuando lo hace en semejantes condiciones, bombardeado constantemente por los grandes medios que, entre chicana y chicana, van metiendo los temas de agenda para el próximo gobierno que más les conviene, como por ejemplo la devaluación o el ajuste. Hoy al ir a votar crucé a un grupo de personas que iban charlando y una señora humilde iba repitiendo, en el mismo tono monocorde de los medios, sobre la necesidad de devaluar. ¡La necesidad de devaluar! Al punto que puede llegar el lavado de cerebro que consiguen los medios, escuchar a trabajadores defendiendo la devaluación y el ajuste, justamente aquello que más los va a perjudicar, pues esto significa lisa y llanamente la pérdida de poder adquisitivo y la profundización de la pobreza y la marginalidad, por no decir de la reducción drástica del consumo y el inmediato aumento del desempleo. También es la vuelta al modelo de endeudamiento, porque la única excusa de aplicar semejantes medidas antipopulares es cumplir los requisitos del capitalismo para obtener crédito, así de simple. No hace falta ser economista para saber esto, es lo que venimos viviendo desde hace décadas y sólo requiere de algo de memoria y consciencia.
Ahora bien, podemos reducir esto a una simple cuestión política y a las relaciones de poder y quedaría muy lindo. Pero como el conformismo no es lo mío, yo me pregunto qué los lleva a elegir ese camino, si es una simple resignación, como una recapitulación ante los poderosos o si es parte de algo más.

Por otro lado, hay síntomas sociales que son tanto o más alarmantes. Me basta con salir a la calle en bicicleta, por ejemplo, y asistir a una verdadera odisea donde termino jugándome el pellejo. Los signos de la violencia están presentes por doquier, cada vez más frecuentes. Autos que pasan a otros  mientras vos circulás por el carril contrario, o sea, que te "tiran el auto encima", los de tu mismo carril que te pasan raspando a pesar que viene otro auto de frente, o se te cruzan para doblar cuando vas llegando a la esquina a pesar que vos seguís derecho, autos parados en doble o triple fila, todo esto mientras van hablando por celular; peatones que se le cruzan a los autos a pesar de tener el semáforo en rojo, motociclistas que se meten por cualquier lado haciendo maniobras peligrosas (incluso practicando motocross en plena ciudad) o personas que te ven venir y te abren igual la puerta del lado de la calle. Esto no es casual, ni puede tomarse como una cuestión menor, sin importancia, porque pasa absolutamente todos los días. Prácticamente se ha naturalizado. Es la naturalización de la violencia. Soy de los que creen, cada vez más convencido, que uno se muestra como es en la calle, en el tránsito. Es un ejemplo excelente de cómo nos conducimos por la vida. Lamento decir que es preocupante cómo conciben su forma de relacionarse estas personas, llevándose el mundo por delante, sin más respeto por el otro que el que me pueda imponer. Es la vuelta a la ley de la selva, nada menos. Esta es la misma gente a la que les molesta que la controlen, esgrimiendo como excusa el maltrato de algún oficial de tránsito, mientras ellos maltratan a diario a cuanta persona se cruce en su camino. Son la muestra más cabal de una sociedad hipócrita, ignorante y muy mal educada, a la cual sólo le cabe una sola cosa: la imposición de límites. En este caso, a través de los odiados controles. Para desgracia mía y de los pocos que respetamos a los demás transeúntes sin necesidad de que papá EDECOM o papá policia nos estén controlando, esto es inevitable. No basta con mayor educación, lo cual propone un cambio de fondo, también necesitamos obligar a quienes no quieran entender la necesidad de una mejor conducta vial a respetar a los demás. Fíjense que en ningún momento menciono el uso del cinturón o del casco ¿por qué? porque son elementos de seguridad personal, es decir, que te pueden ayudar a vos mismo. Una persona que no lleva casco o el cinturón puesto no pone en riesgo por este sólo hecho la vida de los demás. Sin embargo, los mayores controles se aplican a estos casos. Claro, a las empresas aseguradoras les interesa sobremanera para evitar pagar más. Sin embargo, en la mayoría de los mal llamados accidentes de tránsito fatales estuvo presente la negligencia de los conductores. Es una consecuencia directa de nuestro comportamiento en el tránsito.

Otro caso también llamativo es el aumento de muertes por ACV y Cáncer. Sobre los problemas de salud asociados a los malos hábitos alimenticios, de descanso, al estrés y demás factores he escrito en varias oportunidades y es un tema ya instalado en todos los medios. Sin embargo, a diario veo que las conductas de las personas distan mucho de un intento por mejorar su salud, repitiendo una y otra vez conductas muy perniciosas. Una muy básica y deplorable es el culto al exceso. En un momento donde se tornan evidentes las consecuencias funestas de nuestros excesos como especie humana en todos los órdenes se torna indefendible este tipo de conducta, donde todo lo considerado placentero debe consumirse a más no poder, en un gesto hedonista que ni un recién nacido desarrolla hasta ser "educado". Como decíamos con un amigo, nada saludable hay que pueda repetirse o consumirse hasta el hartazgo, uno no puede comer asado todos los días o vivir teniendo sexo continuamente porque lo disfrute. Es evidente que el abuso no trae nada bueno y sin embargo en la práctica vemos aplicarlo tanto con los vicios como con los alimentos e incluso con las actitudes o conductas nocivas. Celebramos rituales para regodearnos de ello y continuar con la validación social de esas conductas, es realmente lamentable. Me da la impresión de estar frente a niños caprichosos con la gravedad de no tener alguien que te recuerde el límite. Esto me recuerda que después esos adultos son padres de niños que necesitan de límites y que evidentemente carecen de autoridad para señalárselos.

En definitiva, estamos ante la presencia de una gran parte de la sociedad servil, caprichosa y violenta que propone una regresión a órdenes culturales inferiores, en todo sentido, y que cada vez más va ganando presencia. Como a un niño de similares características, es evidente la facilidad con que puede torcerse su voluntad a través de la coherción del poder y la manipulación de sus deseos. ¿Dónde queda el lugar para las elecciones? ¿Realmente podemos hablar de auténticas elecciones en tales condiciones?