martes, 8 de julio de 2014

El camino de retorno

En los últimos años se han acrecentado las producciones artísticas acerca del cáncer terminal en niños y jóvenes, como un contraste extremo entre una persona, un ser, que nos da una idea de VITALIDAD, por un lado, y la MUERTE.
Resurge el sentido de la TRASCENDENCIA frente a lo efímero de la VIDA.
Allí aparece también un concepto EXISTENCIAL de la vida, ya no ROMÁNTICO, al haber certeza sobre la cercanía de la muerte.
Al decir de Mauricio Lehoczky: "hay que vivir como si se tuviera cáncer".

La pérdida de la ANGUSTIA EXISTENCIAL, la falta de conciencia sobre la propia muerte, sobre la posibilidad cierta de encontrarla antes de tiempo, sin previo aviso.
La vida como un simple TRANSCURRIR, como una rama arrastrada por la corriente, conducida por la marea a través del vasto océano de nuestra sociedad.
La imposición social de la negación de nuestra FINITUD, la tendencia de esquivarle a la conciencia de esa finitud pero fundamentalmente, y esto es lo que no veo expresado en ninguna de esas producciones, la DESVALORIZACIÓN de la propia EXISTENCIA, la falta de conciencia acerca de nuestro valor como ser vivo, de nuestra experiencia al vivir como este ser único e irrepetible que nos ha tocado. Para mí, esto va unido al DESPRECIO por el MUNDO NO HUMANO, la NATURALEZA, nuestro autodestierro de ella, la represión de todo lo que nos une a ella, la IDEA misma de HUMANIDAD versus lo SALVAJE mostrando nuestra total ignorancia, falta de sabiduría.
¿Cómo emprender el camino de retorno?
¿Cómo reencontrarnos con este mundo maravilloso del que nos hemos divorciado?

El camino de retorno II