miércoles, 19 de noviembre de 2014

¡Aniversario brillante!

Cuando un año exactamente atrás comencé a escribir este blog lo hice desde una profunda convicción, arraigada en las entrañas de mi ser, clamando a viva voz por un cambio.
Las convencionalidades sociales muchas veces logran boicotear nuestros más genuinos intentos por dar ese paso hacia una mejora de nuestra vida. Sin embargo, puedo decir con una pizca de orgullo que mi vida se vió colmada de cambios muy beneficiosos y aún más auspiciosos para lo que vendrá.
La ruptura con la modalidad temporal contemporánea de la instantaneidad fue difícil, tras un arduo trabajo especialmente desde lo mental. Esta sería una de las conclusiones más importantes de este año cumplido:

 Los mitos y costumbres conservan nuestra cultura pero también nos aferran a prácticas destructivas socialmente aceptadas.

En estos últimos meses he comprobado en persona hasta que punto las creencias arraigadas, los hábitos de consumo y las costumbres que estos generaron, junto a los mitos nunca verificados y aceptados por la simple imposición del stato-quo (hoy ampliamente dominado por los líderes del mercado incluso por sobre ideologías, creencias o religiones) pueden deformar nuestra vida cotidiana en sus aspectos más importantes, especialmente con la salud.
La dominación del mercado sobre un aspecto tan importante para las personas (de hecho, muchos lo creemos el más importante) dejó y sigue dejando secuelas irreversibles y mediante un mecanismo que ni el más pérfido podría ingeniar. Concretamente, la invasión de la lógica capitalista en el ámbito de la salud y la ciencia trajo aparejado una degeneración tan importante en ellas que hoy en día se han tornado irreconocibles. Científicos y doctores regidos mediante las leyes del mercado se alejan de los principios más importantes que dan sentido a su actividad, deformándola y transformándola en otra herramienta más de dominación.
Después de todo ¿Quién puede pasarse la vida sin prestarle atención a su salud? Cuando padecemos alguna enfermedad o sufrimos algún impedimento grave tomamos real conciencia de la importancia de la salud en nuestra vida. Así, en un estado grave, nos vemos obligados a aceptar las reglas impuestas por el mercado para lograr recuperar la salud (o al menos en parte) consumiendo diferentes tipos de drogas o de costosas operaciones para lograr "el milagro".
Mientras que por un lado la industria farmacéutica se llena los bolsillos con la cada vez mayor cifra de gastos en fármacos de la población, impulsados por los mismos laboratorios quienes, a través de visitadores médicos, congresos, publicidades, beneficios, cooptan a los médicos para que los receten y a su vez no hagan nada para realmente solucionar los problemas de fondo. No puedo dejar de mencionar a las medicinas prepagas, obras sociales y demás empresas dedicadas supuestamente a "facilitarnos" la tarea (como se ve, también son cómplices en este sistema esquilma-pacientes).
Para asegurar aún más la "clientela", la clave está en mantener al grueso de la población sujeta a innumerables enfermedades y diferentes padecimientos de salud, especialmente los de carácter crónico. Un paciente con una enfermedad crónica regulada mediante drogas es el mejor negocio para los laboratorio, un cliente cautivo.
Pero para llegar a este nivel es necesario realizar grandes desórdenes en las áreas de influencia claves para la salud. Todos sabemos y hablamos sobre los efectos del stress en el organismo y aún así son muy pocos quienes actúan para evitarlo, la mayoría que lo hace de hecho padece antes un episodio muy severo que lo "obliga" al cambio. La clásica "soga al cuello", una actitud que aplicada en materia de salud es muy cercana a la conducta suicida.
Aún más, existe un área que es de las más difíciles de tocar, descubrí que en muchos incluso por sobre la sexualidad, tornándose en una especie de tabú impensado en otras épocas: la alimentación.
Hasta hace poco más de cien años, nadie en su sano juicio hubiera negado insistente y tercamente (como varios lo hacen ahora) que la alimentación está directamente relacionada con la salud. Sin embargo, con el avance del capitalismo a través de la industria de la alimentación y de la mano de la cooptación de científicos como respaldo verídico de sus disparatadas afirmaciones, consiguió torcer el rumbo del planeta en ese ámbito hacia el consumo masivo de alimentos procesados y productos de origen animal, especialmente lácteos y carnes. Esto no sólo disparó una escalada de sobreexplotación animal sino también de la naturaleza toda, al devastar áreas vírgenes enteras (aún al día de hoy) para destinarlas a tierras para cría de ganado, a la par que incluyó una variedad de productos refinados que concentran al extremo ciertos macronutrientes considerados "esenciales": proteínas, carbohidratos y lípidos.
Con este cuentito del USDA (Departamento de Agricultura de EE.UU.) sin ningún sustento empírico verificado científicamente nos inundaron de productos lácteos y comida rápida a base de carnes y frituras. El resultado está a la vista: enfermedades coronarias, una extensa variedad de cánceres, diabetes, osteoporosis y una obesidad mórbida que terminó finalmente siendo reconocida como enfermedad crónica.
La realidad sobre nutrición humana es bien diferente: la mayor y más creíble investigación científica realizada hasta el momento sobre nutrición y salud (conocida mundialmente como El estudio sobre China difundida por el doctor Thomas Campbell) demostró contundentemente la estrechísima relación entre lo que comemos y lo saludable que estamos, e incluso precisó que una dieta que incluye carnes, lácteos y alimentos procesados son la verdadera causa de las enfermedades que más muertes cobran en el mundo Occidental. Argentina, tradicionalmente país ganadero y de gran raigambre láctea, se encuentra no por casualidad en el tristemente célebre grupo de los países con mayor proporción de muertes por enfermedades coronarias y cáncer, pese a los avances realizados en el área. El compañero del doctor Favaloro en Cleveland, Caldwin Esselstyn Jr. demostró que la técnica de by-pass puede evitar la muerte puntualmente, pero no previene nuevos episodios. Idéntica suerte con la supuesta vacuna para el cáncer.
Por otro lado, tanto el doctor Esselstyn con sus pacientes como la investigación china demostraron que una dieta a base de plantas (frutas, verduras, cereales y legumbres) no sólo puede ayudar a tratar estas enfermedades sino incluso revertirlas.
En mi humilde experiencia puedo decir que ya no sé lo que es padecer una enfermedad en lo que llevo de vegetariano, incluso con más de un año de consumo de huevos y lácteos. Específicamente, un estudio indio refrendado por el propio Campbell demostró que la caseína (95% de la proteína de la leche) incide directamente sobre la aflatoxina para generar tumores cancerosos a partir de un consumo de lácteos superior al 5% diario. Recordemos que las pruebas a sustancias potencialmente cancerígenas se realizan con dosis 4 veces superiores a las de uso normal. En este caso, la amplia mayoría de quienes consumen lácteos superan largamente la cifra indicada, constituyendo a los lácteos en uno de los más potentes agentes carcinógenos.

Sabido esto, la primera reacción (precisada estupendamente por la psicología) es la de negación, llegando incluso al (vano) intento de descalificación. No sólo esto ha sido comprobado científicamente, ha sido aplicado exitosamente en innumerables pacientes con diagnóticos fatales, quienes aún siguen vivos y activos. Obviamente el avanzado grado de una enfermedad puede llegar a superar el grado de recuperación del organismo, pero ¿por qué tenemos que llegar a esa instancia?

Precisamente mi mayor logro es haber aplicado los cambios antes de cualquier tipo de padecimiento, y esto lo logré gracias a la verdadera y profunda compresión de la importancia de la salud en mi vida, incluso por sobre las convenciones sociales. Nadie debería dejar en otro su decisión sobre la salud y, por ello, nadie debería dejar que le obliguen a nutrirse mal.

Me hubiera gustado saber esto al principio, evitar discusiones estériles sobre la visión de cada uno respecto al resto de las especies y focalizarme en mi salud y es por ello que cumplo en difundir todo lo que encontré investigando. Poseo muchísimo material para quien le interese, en especial para llevar a la práctica una dieta vegetariana, así que sólo tienen que pedirlo y lo obtienen, así de simple. Como adepto al Software Libre y a la libertad de conocimiento, creo firmemente en la importancia de la difusión y la concientización sobre estos temas, especialmente porque en este caso está en juego nada menos que nuestra vida. Así que solamente pido que difundan todo lo que puedan sobre el tema para lograr finalmente instalarlo en la opinión pública y debatir qué salud y qué mundo queremos dejarle a las generaciones venideras.

domingo, 12 de octubre de 2014

¿Por qué estamos tan convencidos que debemos creer en algo?

Realmente ya no me pregunto como antes si debo creer en algo puesto que  me basta con contemplar mi alrededor, mirar el vasto cielo, las hierbas creciendo en mi patio, las hormigas pululando por doquier en su infatigable derrotero y sólo basta callar mi mente. Entonces, por ejemplo, diviso un pájaro que picotea aquí y allá, buscando quizás su alimento, y en mi estado parezco no perturbarlo, es más, se pasea frente a mí sin temor alguno, revisa mi compost (es más efectivo que diez trampas para atraer pájaros) y finalmente alza vuelo. ¡Es maravilloso! ¿En qué más debería creer?

Ahora bien, al parecer somos una especie única aunque no precisamente de la manera en que nos pensamos a nosotros mismos. Por ejemplo, todos los días nos vestimos de las formas más extravagantes excediendo cualquier necesidad básica para hacerlo, comemos de formas más extrañas aún comidas que ni siquiera están cerca de lo que nuestro organismo está preparado para asimilar y nos ocupamos de hacer tareas muy distantes de aquello que realmente nos pueda procurar el sustento diario. Esto podría ser, muy someramente, el punto de vista de cualquier otra especie del planeta que nos observara por vez primera, por supuesto que no es nuevo para el variado repertorio de mascotas que contamos como compañía. ¡Imaginémosnos lo que pensarían del resto de las actividades, incluido esto que estoy haciendo en este momento con el teclado de la PC!
La cuestión es, en un mundo totalmente artificial como el nuestro, alejado como ningún otra especie de nuestro hábitat natural, contando además con todas las capacidades extraordinarias del raciocinio ¿cómo no esperar que nos invada la angustia si la verdad está constantemente ahí, frente a nosotros, con nosotros, en nosotros?

Nos puede llevar años o incluso toda nuestra vida aceptarlo, pero hasta nuestro final, cualquiera sea, estará constantemente golpeándonos la puerta de nuestra consciencia, al igual que llegada la hora la tocará la muerte. Está en cada uno decidir a quién atender primero y hay toda una maravillosa vida en juego.

martes, 9 de septiembre de 2014

entre círculos y elites

Desde temprano nos enseñan a distinguir las formas geométricas más simples, como los rectángulos en  una puerta, una caja o una cancha de fútbol; los círculos en una rueda, un bollo o una pelota. Alguien tempranamente estimulado pueda recordar -aunque sea vagamente- sus aventuras en la caja de arena. ¡quién no se acuerda de la ronda!
De chiquitos que sabemos reconocer las figuras circulares y hasta quizás más de uno quede fascinado por esta forma para siempre, sea a partir del amor por un vehículo sobre ruedas o simplemente enamorado de la redonda. Son parte de nuestros primeros saberes y quedarán guardados para siempre en nuestra memoria, de una u otra manera.

Ahora bien, no siempre nos encontramos frente a un círculo virtuoso, como gusta llamársele en los refranes a las relaciones que en su transición benefician a sus participantes. El círculo, como toda figura cerrada, también representa la delimitación de un área, separando lo que está dentro de lo que queda fuera de él.
Llevado a las relaciones humanas, representa a un grupo que reúne ciertas características excluyentes, es decir, sin las cuales una persona no se considera parte de él. Es difícil imaginarse a un cumbiero que no le guste la cumbia, un rapero sin poder rimar, una fan de Justin Biever que no se lo banque o un hincha de fútbol que deteste su propio club.

Aunque al parecer es inevitable que existan multitudes de círculos diferentes de acuerdo a la enorme variedad de afinidades que podemos desarrollar, lo más interesante es lo que sucede por fuera, e incluso hacia afuera de ellos.

¿Cómo?

A ver si me explico mejor haciendo un poco de memoria:

Venimos de siglos de tradiciones donde un puñado de personas privilegiadas de algún modo decidían sobre como debíamos relacionarnos, no sólo con las demás personas, sino con nosotros mismos y con el resto del mundo. Estas constituyeron verdaderas elites socio-culturales, muchas aún vigentes. Por ejemplo, te indican desde cómo vestirte, qué y cómo comer, a qué sitios concurrir y a cuáles no, cómo hablar con las demás personas, cuáles son las preferencias para estar en onda, etc.

Por otro lado, en los últimos tiempos hemos dado cuenta de la aceleración con que suceden los cambios sociales e incluso culturales. El acceso a tecnologías que a su vez posibilitan la comunicación y la expresión a multitudes relegadas por los medios masivos de comunicación ha creado una brecha por la cual se han colado una multitud cada vez mayor de expresiones que no encajan en los círculos tradicionales. Con esto se ha logrado diversificar, virtualmente se nos han otorgado posibilidades impensadas tan sólo décadas atrás. Hoy es raro ver a un adolescente o adulto sin un celular con acceso a las redes sociales, más raro ver alguno sin acceso a Internet y más raro todavía alguien sin celular. Con esta tecnología, por ejemplo, no sólo puedo hablar y enviar mensajes sino que puedo subir fotos, videos, mis propios textos, grabaciones de música, mostrar creaciones artísticas, etc.

Sin embargo, esta ampliación no significa necesariamente una apertura de los círculos sino solamente la posibilidad de crear círculos nuevos o modificar los ya existentes, como una especie de concesión ante la enorme marea subyacente que amenazaba con tragarlo todo.

Como siempre, la tecnología abre nuevos caminos, brinda nuevas vías de expresión, de comunicación, pero no deja de ser simple mediadora entre lo ya existente.
Puede modificar hábitos y costumbres, como el hecho de sentarnos frente a una PC o de
chequear cada tanto el móvil, de comunicarnos a través de mensajes de texto o de escribir en las redes sociales. No nos saca nuestras viejas mañas, nos incluye otras nuevas.
Si antes estaba pendiente del qué dirán, quizás ahora además lo esté del qué publicarán; si me angustiaba por desentonar en la clase, el grupo de amigos o compañeros de trabajo, es muy probable que me pase lo mismo con los amigos del Facebook, los seguidores de Twitter o los miembros de la comunidad o foro al que pertenezco.
La tecnología no nos brinda habilidades sociales, solamente nuevas formas de mediar nuestras relaciones. Por eso es que, a pesar de la abrumadora variedad mediática disponible, nos impactan más las relaciones cara a cara, quizás en esto se explique tanto furor por la sexualidad, por el encontrarse desnudos frente al otro. Tanto deseo y tanto miedo a la vez. La tecnología así planteada, como una sofisticada vestidura que nos aísla más y más del otro.

Desde que se crearon los círculos siempre hubo y siempre habrá inconformistas que no se contentarán con integrarse completamente en alguno de ellos.
Hace poco veía en una película (el título en castellano es Divergente) como una sociedad futura apocalíptica, como un puñado de sobrevivientes de terribles guerras se organizaba socialmente en castas según la virtud que desarrollara cada persona. De esta manera, cada uno tenía su lugar en la sociedad y al parecer la convivencia alcanzada era envidiable. Sin embargo, a partir de una protagonista se planteaba el caso de las personas que destacaran en más de una virtud, o mejor dicho, que no descollaran en ninguna en particular. Estas personas, denominadas divergentes, representaban una seria amenaza al orden social establecido y eran, por lo tanto, ferozmente perseguidas y ultimadas.
¿Solamente una fábula extremista? Al principio pensé lo mismo, pero no hace mucho vivimos un hecho impactante: la matanza de un delincuente por parte de un integrante de la comunidad boliviana, al parecer harto de sufrir robos, la violenta represalia tomada por personas afines al asesinado contra varias familias de esa comunidad que viven en el barrio, ante la total inacción y por lo tanto la complicidad de la policía.
La sociedad misma se vió forzada a salir de su cómoda posición localista y reconocer el salvajismo xenófobo, que no es otra cosa que desquitarse con el extraño y hecharle la culpa de lo que me pasa, al igual que en la película.

En tanto más miedo se le tiene a lo extraño, a lo desconocido, en definitiva al otro, más fuerte es la necesidad de conformar círculos cerrados, dentro de los cuales nos sintamos cómodos, seguros.

En cambio, quien se atreve a ingresar a esos círculos, a deambular entre ellos sin integrarse en ninguno, quien se atreve a ver que en realidad nadie pertenece realmente a ninguno sino por decisión propia de auto-encasillarse, logra enriquecerse a partir de las múltiples miradas que le brinda cada uno y a su vez va encontrando la propia. Descubre como establecer relaciones más auténticas, no limitadas a los intereses que pueda compartir por el círculo sino personalmente.
Aprende a no fastidiarse de los convencionalismos sociales vigentes en cada caso sino a reírse de ellos, aún cuando en oncasiones los respete.
No sólo aprende a socializar, aprende a respetar y a hacerse respetar, a practicar una convivencia más sana.
Aprende a no pretender ser el dueño de la verdad, porque descubre que nadie la tiene, porque también aprende a notar los supuestos tomados como verdades implícitamente en cada círculo.
Aprende a quererse como es y a no angustiarse por ser diferente sino a valorar el carácter de unicidad que todos poseemos.
Seguramente aprende mucho más, pero creo que a estas alturas deben haberse aclarado un poco más mis palabras.
Lo interesante de los círculos es lo que sucede fuera porque es más fructífero no encerrarse en ninguno de ellos. Pero también dije que es interesante lo que ocurre desde el círculo hacia fuera, porque en realidad uno puede salirse, debería abrirse al mundo, como se dice habitualmente.

Romper con el conformismo no es fácil, especialmente cuando uno se siente muy cómodo en la situación en la que se encuentra: si me siento a gusto con mis amistades, en mi trabajo, mis estudios o mis tareas habituales, difícilmente me interese por ver qué hay más allá del sol.
Romper con lo preestablecido cuando la situación es muy delicada tampoco es sencillo: basta ver cómo los jóvenes y adolescentes de hoy con una vida muy complicada, en situaciones extremas, se aferran a los estándares convencionales de rebeldía con mayor facilidad que el resto, tienen una necesidad imperante de pertenencia, de aferrarse a algo que valoren a su modo y que a la vez les permita expresarse.
Si encima a esto le sumamos la manipulación que realizan a través de los medios masivos las elites dominantes, tergiversando, distorsionando, desvirtuando una expresión diferente hacia un nuevo convencionalismo cada vez que la oportunidad se le presenta, el asunto se presenta cada vez más complicado para quienes se relacionan a partir de círculos.

Por eso es imperante un cambio de actitud, más aún, un cambio profundo en cuanto a nuestras formas de relacionarnos, especialmente en comunidades conservadoras como ésta.
No sólo es una verdadera apuesta hacia la inclusión social sino una auténtica vía alternativa frente a la creciente desintegración social.

miércoles, 27 de agosto de 2014

idas y vueltas por la vida

Que la vida es una rueda, que todo vuelve, que todo es un transcurrir o que esto ya lo viví, el famoso dèja vu ...

Seguro que algo o todo esto hemos escuchado e incluso manifestado más de una vez. Pero, a pesar de ser un ferviente defensor de la idea sobre un misterioso entramado que ocasiona el retorno en alguna impensada manera de las consecuencias de nuestras propias acciones, prefiero hacer un parate ante tanta repetición y reflexionar sobre lo que realmente nos sucede.
En vez de meterme en la interminable discusión acerca de la justicia y de si en definitiva pagamos o no por nuestros actos, si recibimos realmente el beneficio meritorio de nuestro noble proceder y demás cuestiones que al parecer nos encanta discutir cuando se presenta la ocasión (en más de un caso, bastaaaante seguido por cierto) me voy a referir simplemente a mencionar algunos hechos para simplemente introducir la cuestión.

Si me detengo a pensar por ejemplo en el plano de la amistad, hay personas que hacen tempranas amistades para toda la vida y se manejan en un círculo de afectos muy reducido, de vínculos muy fuertes, manteniendo la prudente distancia con el resto del mundo en un acto de camaradería por así decirlo. Partiendo de este extremo, es más común encontrar versiones donde los lazos reales no son tan fuertes como aparentan y así podríamos seguir degradando hasta encontrarnos con una absoluta fachada. Sin embargo, en cualquier caso, vamos a poder distinguir al menos un rasgo en la personalidad: la tendencia a centrar sus creencias, sus valores, sus ideas e ideales, su accionar y su conducta desde el punto de vista exclusivo validado por ese círculo y donde la diferencia quizás estribe en que el primer caso puede distinguirse sólo por un observador avezado y el otro extremo estalla frente a las narices del más desprevenido. Al parecer, los vaivenes de la vida no varían salvo mínimamente el curso ya definido ya que al final prevalece lo definido por el círculo.

Otras personas, por el contrario, parecen destinadas a boyar indefinidamente por los vastos mares de la existencia y por lo tanto no dan demasiado importancia a la conformación de un núcleo estable ni siquiera a la pertenencia de alguno sino que simplemente se la pasan conociendo personas constantemente, teniendo un grado mayor o menor de afinidad con ellas. Nuevamente, la degradación nos puede llevar hasta la prácticamente nula empatía con nadie, constituyendo así su extremo. ¿Qué sucede en común en este caso? Pues que en todos los casos lo que acontece nos va marcando el rumbo y por lo tanto ya no hay un núcleo central donde validar, la validación se realiza con el ideal compartido en el momento, con lo cual no es raro desdecirse o actuar contrariamente a lo creído anteriormente si el momento lo amerita. Aquí prevalece lo definido en el momento, en la cirscunstancia.

Otro grupo de personas parecen sacadas de una mala telenovela, con lo cual todo es tomado a la tremenda, de forma exacerbada y claro está, traslada esto a sus relaciones sin importar de cual se trate. La impulsividad y la pasión, al parecer, se entrelazan en medio de un torbellino de incongruencias que se enmascaran ajustándose como pueden a lo socialmente aceptado. Esta constante confrontación va fisurando esas máscaras y golpeando las relaciones, cual si de una forja se tratase. La degradación puede darse hasta la locura, por supuesto, pero lo interesante se encuentra en todo lo que queda entre medio de estos extremos, ya que aún es muy popular entre nosotros. En este caso, aunque sea triste decirlo, es la violencia, en el formato y la graduación que corresponda, la que dice siempre presente y la que en definitiva va dando golpes certeros de timón aún a contramano de sus protagonistas.

Podría proseguir indefinidamente con tantos otros casos, pero creo que la idea queda más que clara: nada hay librado al azar en el rumbo que tome nuestra existencia. El azar, en todo caso, parece darle un toque diferente, aparece como otras vías alternativas que (no siempre podríamos) tomar, pero en definitiva son nuestras decisiones las que van dictaminando el curso a seguir y las que en definitiva nos pueden llevar a cruzarnos de vuelta por el mismo camino así como nos podrían llevar a reencontrarnos con anteriores amistades y pasar de largo o establecer un nuevo vínculo.

A pesar de los reencuentros, de lo parecido de las situaciones y demás, ni siquiera nosotros somos los mismos de antes (imaginemos entonces el resto) así que aún en esos casos realmente estamos ante experiencias nuevas, la posibilidad de tomar un rumbo distinto al anterior estará siempre latente.

viernes, 18 de julio de 2014

Carencias necesarias: rompiendo la telaraña

En esta ocasión, aprovechando la excusa de una nueva proyección del ciclo de películas de los Jueves en el Teatrino, voy a escribir un poco sobre lo que me ha sucedido y no sobre la película.

Es extraño que termine con un grado de felicidad incomprensible luego de una discusión telefónica en la cual me dijeron cosas terribles.
Normalmente, ante una multitud de insultos, ante una procesión de agravios, ante tamaña sarta de improperios y ante tanta saña retenida -al parecer- uno al menos se siente vapuleado, cuando no al menos atormentado. Lo más probable es que se enoje y continúe con otra batahola interminable de imprecaciones que responden la agresión, o intentan ensayar una defensa.
Claro está, para esto hay que tener algo de lo cual desahogarse, justamente es necesario sentir una opresión tan profunda que nos lleve inevitablemente a volcar todo eso allí retenido, aunque no lo supiéramos.

Pero el supuesto, que creemos verdad y hasta damos por sentado, es que algo hay para ser servido a través de nuestra voz, algo que seguramente se calló, o no se captó en otro momento, o que ahora encuentra el campo propicio para ser lanzado.

Pero ¿qué pasa si todo lo necesario ya fue dicho? ¿si nuestra mente se ha despojado de lo que no quería retener más, de aquello que en definitiva nos corroe con el tiempo?

Creo que hoy descubrí, atónito, la respuesta.

En una vida marcada por las constantes peleas, discusiones, idas y venidas en esa marea despiadada de los sentimientos encontrados, de las sensaciones, de las cavilaciones y maquinaciones, en ese tormento continuo propinado por nuestros propios temores.
Encontrarse de repente vacío de todo odio, de todo rencor, de cualquier sentimiento.
De saberse fuera de ese juego perverso de mentes tortuosas y torturadas.
De carecer de respuesta, más aún: carencia de la necesidad de respuesta misma.

Caer en la cuenta que definitivamente el lazo está roto, esa telaraña invisible que lleva años de tejer todo tipo de sinsabores, de atarnos a distintos sabores del dolor, quizás a todos ellos.
De prolongarse, infinita, como una agonía.
De permanecer allí, bien oculta de nuestra conciencia, esperando pacientemente su oportunidad para aparecer en acción, en una nueva escena de esta interminable novela que contemplamos, absortos y tan compenetrados, como si se tratase del culebrón del año.

Enredados, completamente enmarañados, nos movemos torpemente por nuestras vidas. Y como quien está atrapado, como una mosca víctima segura segura del arácnido, tratamos desesperadamente de zafarnos. Lo hacemos tan torpemente que más nos enredamos y encima enredamos a nuevas víctimas.
Pero, como en la peor de nuestras pesadillas, nada ni nadie aparece a rematarnos.
Así que terminamos dañándonos entre nosotros mismos, como en una macabra obra de terror.
Al cabo de un tiempo, nos acostumbramos tanto a estas redes que ya no las notamos, con lo cual la historia contínúa agregando nuevos participantes a esta trama infernal.

Sin embargo, a veces tenemos la suerte que el azar permita que alguien rompa algunas redes al pasar y nos permita ver una manera de zafarnos de ellas.
Cuando de veras nos ufanamos en tamaña tarea, vamos descubriendo con alegría como esos antiguos lazos se van rompiendo.
Al cabo de un tiempo providencial, con mucha más paciencia y esfuerzo de nuestra parte, vamos rompiendo esas ataduras que tanto daño nos infligieron.
Con más tiempo y paciencia, descubro que también habrá de llegar el momento en que, sin magulladuras siquiera, la telaraña sólo será un simple recuerdo que nos llenará de gozo por la titánica tarea cumplida.

viernes, 11 de julio de 2014

El camino de retorno II

El camino de retorno

Hoy me ha tocado ver "Siberia Monamur", una película rusa de 2011 en la cual un abuelo y su nieto viven en la Taiga, en ese ambiente tan hostil para nuestra vida, donde reinan los perros salvajes que acechan a cualquier desprevenido transeúnte que caiga entre sus feroces fauces. La bestialidad no sólo está presente en estas fieras, también por el film desfilan bandidos sin escrúpulos, militares depravados y toda la crudeza de quienes viven al límite de lo salvaje.
Otra mirada en torno a la vida, diametralmente opuesta a la que planteé anteriormente tras ver "Bajo la misma estrella".
Sin embargo, no dejo de rescatar una advertencia que ya noté durante la proyección misma de "Into the wild" (EEUU, 2007): nuestro reencuentro con la naturaleza no debe estar excento de los principios fundamentales de la supervivencia. Entonces, en ambas proyecciones podemos ver el resultado de un necio desafío a las adversidades y las inclemencias de las zonas más inhóspitas del planeta.
Justamente por considerarnos una especie más que debe asegurar su supervivencia en condiciones adecuadas es que lo debemos hacer en zonas que correspondan con nuestra esencia homínida, y la tundra no es precisamente una de ellas. Cuanto más nos alejemos de los lugares adecuados, más dependeremos de la tecnología (en el sentido amplio del término) para poder sobrevivir, y por lo tanto más nos alejaremos de nuestra esencia.

martes, 8 de julio de 2014

El camino de retorno

En los últimos años se han acrecentado las producciones artísticas acerca del cáncer terminal en niños y jóvenes, como un contraste extremo entre una persona, un ser, que nos da una idea de VITALIDAD, por un lado, y la MUERTE.
Resurge el sentido de la TRASCENDENCIA frente a lo efímero de la VIDA.
Allí aparece también un concepto EXISTENCIAL de la vida, ya no ROMÁNTICO, al haber certeza sobre la cercanía de la muerte.
Al decir de Mauricio Lehoczky: "hay que vivir como si se tuviera cáncer".

La pérdida de la ANGUSTIA EXISTENCIAL, la falta de conciencia sobre la propia muerte, sobre la posibilidad cierta de encontrarla antes de tiempo, sin previo aviso.
La vida como un simple TRANSCURRIR, como una rama arrastrada por la corriente, conducida por la marea a través del vasto océano de nuestra sociedad.
La imposición social de la negación de nuestra FINITUD, la tendencia de esquivarle a la conciencia de esa finitud pero fundamentalmente, y esto es lo que no veo expresado en ninguna de esas producciones, la DESVALORIZACIÓN de la propia EXISTENCIA, la falta de conciencia acerca de nuestro valor como ser vivo, de nuestra experiencia al vivir como este ser único e irrepetible que nos ha tocado. Para mí, esto va unido al DESPRECIO por el MUNDO NO HUMANO, la NATURALEZA, nuestro autodestierro de ella, la represión de todo lo que nos une a ella, la IDEA misma de HUMANIDAD versus lo SALVAJE mostrando nuestra total ignorancia, falta de sabiduría.
¿Cómo emprender el camino de retorno?
¿Cómo reencontrarnos con este mundo maravilloso del que nos hemos divorciado?

El camino de retorno II

sábado, 31 de mayo de 2014

Ser diferente es tomar el control de mi vida

Este es un blog muy particular para mí, porque me llevó a forzar la publicación de cuestiones  muy profundas y muy mías, pero que a su vez también lo son de los demás. ¿Contradicción? Para nada, simple paradoja de la vida.
Es que en nuestro habitual sitio de confort cotidiano (el cual  tampoco hay que desechar por completo, puesto que necesitamos esa calidez que nos brinda cuando realmente la necesitamos) nos lleva habitualmente a no pasar a la acción en muchas cuestiones de las cuales empezamos a tomar conciencia. Con la experiencia, uno va encontrando diversas estrategias para ponerse manos a la obra, y este blog (entre otros) está demostrándome que responde precisamente a esa meta.

Hoy en particular quiero escribir sobre mis últimas experiencias que no por ser cotidianas dejan de tener su importancia, sino todo lo contrario. Creo que justamente en lo cotidiano, incluso hasta en lo rutinario, dejamos huellas de nuestras cuestiones más acuciantes, aquellas que re-definen nuestra existencia.

No voy a describirles ninguna situación en particular que, de hecho, sería muy enriquecedor por lo anecdótico y por supuesto mucho más didáctico, si se quiere. Como lejos estoy de ponerme en la actitud de un sabio, ni siquiera de un mentor o maestro, simplemente voy a describir las actitudes tanto mías como ajenas que estuvieron presentes dándole forma a las situaciones, las cuales cada uno puede completar con alguna particular historia si así lo desea.

"Desde hace varios años vengo planteándome de forma crítica mi situación y, entre otras definiciones, me llevó a decidir buscar un cambio de vida, como se dice habitualmente, a cambiar de aire. Esta decisión fue acompañada por un análisis más realista de las posibilidades de concretarlo y de allí al planteo de algunos objetivos que me acercaran a lograrlo. Dejo en claro que no soy partidiario de la planificación detallada ya que nunca se cumplirá como lo preveemos y nos limita a lo allí establecido, cohartando las posibilidades de nuevas opciones que no hayamos visto o que pudiesen surgir más adelante, esto basado en mi propia experiencia. 
En fin, uno de los objetivos tenía que ver con un logro a partir de un bien económico de mi propiedad, inutilizado por entonces, para lo cual esbocé un plan tan simple como efectivo, teniendo en cuenta la situación económica general e incluso la propia. Para ello, estuve todo un año ahorrando, privándome de ciertos gustos que acostumbraba darme pero sin demasiado impacto en mi estilo de vida.
De esta manera conseguí algunos elementos necesarios para lo que me proponía, aún pese a la agravante crisis económica (de la cual parece que nunca salimos) y al comenzar el siguiente año me propuse seguir con la siguiente etapa del plan, el cual lentamente iba desarrollándose de acuerdo a lo esperado.
Es así que, en medio de este proceso, me veo envuelto en la consideración de las propuestas de diferentes personas de mi entorno más cercano, quienes en el supuesto afán de colaborar con mi causa, en base a su experiencia, me convencen de dar un viraje y tomar un destino mucho más arriesgado, con el planteo de que así lograba concretar mi objetivo en mucho menos tiempo. 
Tras analizar una y otra vez, sopesando ventajas y desventajas, pero principalmente depositando toda mi confianza en estos devenidos asesores, me ví embarcado en una vorágine, por otro lado muy habitual entre el común de las personas. Sin entrar en más detalles, la nueva situación comprometió mi situación económica, si bien dentro del límite tolerable, extendiendo mi compromiso financiero por un par de años. Al principio creí que esto podría ser el peor obstáculo, pero estaba muy equivocado.
Más temprano que tarde los favores se cobran de alguna manera, y la asesoría muchas veces no es tan generosamente gratuita como parece al principio. Por más que te juren y perjuren lo contrario, de alguna manera te la terminan cobrando, salvo honrosas excepciones (que tengo el orgullo de integrar) y de una manera que ni ellos mismos se imaginan.
Por empezar, este nuevo desafío involucraba el trato con otras personas, las cuales debían realizar ciertos trabajos para mí. Esas personas se habían ganado la confianza de quien me asesoraba, y al parecer eso sólo bastaría para contar con sus servicios. Sin embargo, la realidad me demostró que la situación era bien diferente conmigo, ya que de hecho requería más trabajos de su parte y de mayor envergadura. Para peor, en el rubro concreto escaseaba gente siquiera confiable, ni hablar de pedir un trabajo bien realizado cuando no podía pagar a quienes me lo aseguraran. Encima las personas en concreto se mostraban muy suceptibles, y al parecer sabían aprovecharse de la situación. Es decir, me ví envuelto en una situación un tanto delicada. Sin embargo, supe guardar la compostura y seguirles la corriente hasta poder tomar las riendas del asunto. 
La verdad que me encontré en una situación difícil, particularmente novedosa y a priori en total desventaja. Como para completarla, a mi "asesor" (quien ya me había solicitado un par de favores muy simples de cumplir a los que por supuesto había sabido responder) no se le ocurrió mejor idea que incluirme en sus propios planes, donde supuestamente podría obtener una tajada con la cual afrontar los expensivos gastos que estaba realizando. El resultado fue que me ví aún más comprometido, está vez dedicando horas de mi vida a otra actividad que me resultaba muy gratificante, aunque muy alejada de mis competencias y sin otra retribución que la de algún agradecimiento. Por otro lado, tuve un sinnúmero de situaciones desagradables en los trabajos encargados, las últimas de las cuales me hicieron dudar de la supuesta confianza depositada en tan ignatas personas.
Al cabo de un tiempo (el necesario para comprobar que mi situación financiera no me permitiría concretar con mi objetivo) decidí concluir los trabajos con esta excusa, y de esa manera logré derrumbar para siempre las actitudes deplorables de las personas mencionadas, a la vez que darle un respiro a mi asfixiada economía. Envalentonado ya por estos resultados, y tras pasar algún tiempo más (el necesario para cerciorarme que al "mecenas" yo le importaba tanto como para no darme un céntimo) decidí encarar la situación con el otrora asesor y, tras confirmar las peores sospechas en una charla íntima y franca, puse oficialmente fin a nuestra relación comercial (e íntimamente también a la que nos ligaba) recuperando así mi tranquilidad."

¿Qué fue lo que posibilitó verme involucrado en tal situación?
Sin dudas, hoy puedo afirmar que fue perder el control de mi propia vida.
La anécdota hasta puede parecer graciosa, pero es real y no doy detalles para no perjudicar a nadie en particular. Porque lo que realmente interesa aquí es mostrar cómo solito fui metiéndome en el guión de otro, perdiendo la dirección original que le había dado al proyecto.
Tampoco hay duda que me dejó varias enseñanzas, pero la que primero quiero destacar es esta: pase lo que pase, debemos mantener el control de nuestra vida.
Si nos embarcamos en un proyecto que involucra aspectos desconocidos, en los cuales puedo verme en desventaja, podemos asesorarnos con otras personas de confianza, pero siempre debemos tener en claro que su aporte es sólo eso. La decisión, por más que nos parezca menos apropiada porque no es lo que haría el común de la gente o porque no es la que nos dicen los eventuales "asesores", es nuestra. Y, más aún, es preferible equivocarse aplicando nuestra propia idea. Si falla nos tenemos que hacer cargo, pero si está acertada ¡te colma de satisfacción! y encima te queda para siempre guardado como un logro propio más en tu vida.

En mi caso, se trataba de un proyecto individual, por lo tanto solo cabía en mí la responsabilidad de decidir sobre él. Pero, ¿qué hubiese sucedido si se tratara de un proyecto compartido? No quiero ni imaginarme lo que sucedería si uno se dejara arrastrar hacia las ideas, deseos o circunstancias de otros ajenos al proyecto, ¿qué pasaría con la o las demás personas involucradas, cómo lo tomarían? Se me acaba de ocurrir que, quizás, un buen ejercicio sería pensar a estos proyectos individuales como si fueran colectivos antes de ceder ante la propuesta de otro.

Justamente en psicología le llaman proyección a la actitud que adoptan con otras personas quienes, a partir de alguna frustración propia, proyectan en el otro sus propios deseos, inquietudes, debilidades, temores, etc. En mi caso, es patente que, sin intención de perjudicarme, el supuesto asesor hiciera una proyección en mí. ¿Por qué?
Porque nuestra situación es muy diferente en muchos sentidos, y si bien al parecer está muy satisfecho con su vida, seguramente habrá cuestiones que le hubiese gustado llevarlas a cabo de otra manera y ¿qué hubiese pasado si ...? ¿cómo saberlo? ¿qué mejor oportunidad que alguien en condiciones de hacerlo?
En este sentido, los padres no son los únicos que tienen estas actitudes y la mejor manera de evitar terminar como un conejillo de indias es mantener a toda costa el timón de nuestro destino.

lunes, 24 de marzo de 2014

Vibraciones de felicidad



¡Ah, la música!
Esa suave caricia del alma
que en las noches aciagas
me envuelve con su arrullo
cual niño al escuchar su nana.

¡Ah, música!
Contigo siento como vibra todo mi ser,
siento como la alegría vuelve a florecer
desde lo más profundo, desbordándome.

¡Oh sí, música!

Cómplice entrañable de solitarios corazones,
de seres especiales que no se contentan
con la aparente calma de la monotonía.

De incurables trasnochadores,
de los más madrugadores
y hasta de los insomnes,
o de quien simplemente
se complace en escuchar.


Enamorados de la vida,
alejados de sórdidas pasiones
por un instante fugaz de felicidad
ante tu mágica presencia.


Apasionados, atribulados,
en constante pesar
o en la incansable lucha diaria
de la supervivencia,
desde el simple despertar
hasta  la hora del sueño.

¡Ah, la música!
Quisiera ofrecerle una canción,
unas estrofas, una melodía,
que pudieran mostrarle cuánto
aprecio mi estadía
por sus bellos parajes de ensueño.
Mas nada de lo que escriba,
nada de lo que esta turbada mente
pudiera esbozar bastaría:
una oda más en su memoria,
tal vez una simple homilía.

¡Ah, música! Tu eres el espejo de nuestras almas,
ese mágico puente  que puede conectarnos
con lo que no está, lo que ya no es
y sin embargo,
por tu majestuosa intercesión,
se presenta cuando te invocamos,
cual sagrado ritual,
en el simple acto de inundar
nuestro espacio con tus vibraciones.

¡Oh sí, música!

Aparecen ante mí todos juntos,
como todas las musas posibles y más,
los héroes de tu historia, de la mía,
y salen a través de mí, como un espíritu
pugnando por volver a la vida.
Nos rodean, nos abrazan,
nos atraviesan como en una
caprichosa y alocada danza,
reuniéndonos por un instante
como si fuéramos un solo ser exultante
de alegría y vitalidad, dotado por un breve lapso
 del anhelado elixir de la juventud.
Sí, eso es, vamos a cantar, a tocar,
a danzar, a disfrutar de este momento
tan fugaz, tan eterno.

¡Ah, la música!
El tiempo pasa y la siento
cada vez más necesaria,
como la llama que enciende esta luz,
el alimento que nutre mi alma.
Despierta la algarabía y el frenesí,
me concede el sosiego y la calma,
aunque el olvido quiera librarme de ella,
en cada sonido vuelvo a encontrar su huella.

¡Ah, música!
Tu me conectas con todo lo que existe y más allá,
por eso muchos creen que le perteneces
a un dios o algún ser celestial,
pero tú y yo sabemos que no es así,
tu eres tan nuestra como de los pájaros,
del viento, de las caracolas y del mar,
de las hojas, de la lluvia y de todo
lo que pueda vibrar.

¡Oh, sí, música!

Si pudiera contarles a todos sobre tí,
todo lo que logras y no sabemos ver,
si lograras sus puertas más íntimas abrir,
¡cuánta dicha brotaría de ellos, y cuánto placer!

 ¡Ah, la música!
Esa inquietante compañera, testigo privilegiado
de todo lo que nos pasa, por dentro y por fuera.
Tu eres nuestra casa, nuestro hogar,
el refugio de nuestra alma.

¡Ah, música!
Quisiera llevarte por todos los rincones del planeta,
pero tú ya estás ahí antes que nadie,
esperándonos con la puerta abierta,
"bienvenidos, por favor, pasen".

¡Oh, sí, música!
"Bienvenidos a la fiesta" nos pareces decir al llegar.
Nos recibes con la mesa servida,
nos invitas a tu gran banquete,
siempre nos das que hablar.

¡Ah, la música!
Yo la quiero como a mi vida, como una dulce oportunidad.
Yo la amé enseguida, profundamente, y ella no se hizo desear.

¡Ah, música!
Estás siempre conmigo, eres mi felicidad.
Vibra, vibra, vibra conmigo;
suena, suena, suena una vez más.

¡Oh, sí, música!
Dame tu melodía que yo te doy mi alegría,
dame tu magia y llevate mi nostalgia,
dame tu inspiración y te devuelvo una canción,
dame tu sonido que te dare el mío,
dame tu esencia y llevate la ausencia,
dame todo tu color y te regalaré mi corazón.