miércoles, 3 de mayo de 2017

Reflexiones sobre la actualidad y sobre el futuro

Allá en la ingenuidad de mi adolescencia sentía una profunda vocación de volcarme hacia la revolución tecnológica que asomaba tras la irrupción de la multimedia y la difusión de internet. Me devoraba con pasión lo que encontraba a mi alcance en las revistas, en las bibliotecas. Recuerdo vivamente una reflexión que hacía el editor de la revista Users a un libro sobre Internet acerca de lo que podría brindarnos esta tecnología automatizante: más tiempo libre para nosotros al ocuparse de varias de nuestras tareas.
Eso que parece hasta estúpido hoy, donde la tecnología es un elemento más de la maquinaria competitiva capitalista, donde incluso pasamos a dedicarle nuestro tiempo de ocio, más aún, su irrupción en nuestras relaciones y hasta en nuestra intimidad; en definitiva, en la época donde nuestra vida parece haber sido arrebatada por la tecnología, bien merece un examen más detenido y a la vez, más amplio. Necesitamos situarlo realmente en su contexto para ver que no es descabellado el planteo en teoría sino que son las condiciones actuales las que le quitan toda posibilidad concreta.
¿Acaso no vimos aumentar la productividad e incluso disminuir la necesidad de acción humana en miles de tareas?
Sin embargo, en vez de aprovechar estas innovaciones para aliviar nuestro trabajo y disfrutar de mayor tiempo libre, vemos que estamos más recargados de tareas que antes e incluso obteniendo menos beneficios.
Claramente hay unas reglas de juego que no funcionan para el disfrute y el goce de la vida sino todo lo contrario, no hacen más que multiplicar las tareas y lo único que distribuye es la infelicidad.
Es el sistema actual el que no funciona, porque es inhumano, violento, destructivo. Está imbuido de un ritmo frenético que no solo no se detiene sino que se acelera cada vez más. Introduce constantemente cambios en el medio con una velocidad tal que ya ni siquiera el planeta puede asimilarlo. Es el comienzo del fin, no hay duda que pasamos el punto de retorno hace​ rato y nos encaminamos al abismo.
La crisis ya es global y ya generó varias contrapartidas en los últimos siglos. En la actualidad, se empiezan a distinguir con mayor claridad los distintos polos: por un lado quienes pretenden continuar con el statu quo, pretendiendo que van a poder continuar sosteniendo este régimen que se torna cada vez más controlador, manipulador y represivo; por otro lado, quienes toman conciencia de la necesidad de un viraje que permita retomar el rumbo o al menos que nos permita reestablecer el equilibrio roto, tanto a nivel humano como planetario.
Miles de frentes de batalla ya se han desplegado hasta en lugares y por medios que hasta no hace mucho eran inimaginables. Con mucho, la realidad supera ya a cualquier ciencia-ficción que nos alertara al respecto.
El extremo de la tergiversación tecnológica está en su uso para destruir, infundir miedo y diseminar el terror; para desactivar cualquier posibilidad de rebelión o verdadero cambio, por todos los medios posibles, sin ningún miramiento ético. Hoy se miente, engaña, aterroriza, manipula, se lavan cerebros con una eficiencia que envidiaría la mismísima élite de cualquier época pasada. Ni la propaganda nazi, ni los servicios de espionaje de la guerra fría ni la peor dictadura que haya existido contaba con algo ni siquiera cercano a lo que los dueños actuales del mundo cuentan en la actualidad. Sus ejércitos no solo incluyen drones sino miles de reclutas que se dedican al juego sucio en las redes sociales: así ganó Obama, así ganó Trump, así también Macri. Miles de personas empleadas para influenciar y manipular a otras personas. Lo mismo que los grandes medios de comunicación, vendidos hace rato al mejor postor.
Pese a esta poderosísima ofensiva, siempre hay algún resquicio para la disidencia, aparecen día a día voces disonantes, miles de alternativas a la locura planteada desde el mainstream. Es que por más poderosos que puedan ser, no pueden tapar el sol con el dedo. Sus mentiras chocan enseguida con una realidad que nos golpea en la cara nomás asomarnos a la puerta. Por más que no lo quisiéramos ver, su presencia nos penetra por cada poro de nuestra piel, la verdad está en cada uno de nosotros tan instalada que cualquier manipulación sostenida en el tiempo nos conduce directamente a la locura.
Por eso hoy nadie puede tragarse esos cuentos sin pagar un terrible precio a cambio. Es lo que vemos a diario, una batalla constante sostenida por cada persona que se mantiene expectante. A diferencia de otras épocas, nadie puede quedarse al margen ni ser un simple espectador. El barro esta vez nos salpica a todos.
Época de crisis, de las grandes. Somos protagonistas de un cambio de era, donde nada volverá a ser lo que era, donde probablemente el mundo tal como lo conocemos se transforme en otro totalmente distinto. Sin embargo, si hay algo que dudo vaya a cambiar demasiado es el ser humano. En esencia, sigue siendo ese temeroso simio que se extravió del bosque.

domingo, 9 de abril de 2017

violencia psicológica

Si bien en mis relaciones he tenido discusiones, malos momentos y demás situaciones desagradables, siempre me cuidé de no caer en la tentación del aprovechamiento y la manipulación. Tuve muchas oportunidades de continuar cómodamente en una relación, obteniendo de ella lo que a esa altura claramente era lo único que podría sacar de valor, pero preferí siempre ser honesto. No por bueno ni moralista, me refiero al hecho de vivir relaciones genuinas, que me gratifican; lo contrario sería traicionarme a mí mismo.
Sencillamente no podría vivir en una mentira, como de hecho veo muchos que sí lo hacen. Soy un espíritu libre y eso significa también actuar responsablemente y no recargarme con las sofisticaciones de las falsedades y las mentiras. No entiendo cómo algunas personas pueden sobrellevar semejante carga, si supieran cuánta energía le están dedicando a algo que en definitiva les hace daño y que a la larga no beneficia auténticamente a nadie.

La violencia de género, todos lo sabemos, se cobra todavía miles de víctimas debido a las agresiones físicas e incluso a los femicidios. Pero esto solo es la punta del iceberg. Además de una larga cadena de responsabilidades que está en cuestionamiento (con especial foco en el Estado, en todos sus órdenes) hay otras formas de violencia que, por ser cotidianas, hacen incluso más mella en la integridad de las personas. Me refiero a la violencia psicológica, como le han dado en llamar, y es precisamente por eso que comencé hablando de mi propia experiencia. Al pasar los años y tomar conciencia, me he dado cuenta que en algunas ocasiones incluso he caído en esta vil práctica de degradación, al calor de alguna situación conflictiva. Por tratarse de frases, de caer en lugares comunes, no me fue tan difícil cambiar mi actitud, la docencia realmente me ha obligado a mejorar mi conducta en general y estaré eternamente agradecido por ello.

El problema no estriba aquí en un simple maltrato verbal (que de hecho, ya sería un acto de violencia) sino en una conducta que sistemática y persistentemente manipula, ridiculiza, degrada, aterroriza, domina. Por supuesto que para lograr esto va a recibir señales de la otra parte, esto no es algo universal o aplicable a cualquiera pues sino sencillamente se trataría de violencia. Quien ejerce la violencia psicológica debe sentirse seguro, para eso busca la víctima que encaje en sus necesidades. Por eso comenté al principio el tema del aprovechamiento, esto sucede porque esa persona ya lo ha vivido y repite esa conducta conmigo, simplemente reemplazando al victimario.

En una sociedad machista como la nuestra, es claro que las mujeres y cualquier hombre que no se identifique con la heterosexualidad son los blancos preferidos. Lamentablemente, una de las tareas de cualquier hombre que se precie es precisamente combatir en su fuero interno contra los dictámenes machistas que asimiló en su vida para no convertirse en un victimario más. Esto tampoco es imposible, más bien se trata de concebir a la mujer o a la persona transgénero (según cada caso) como otra persona esencialmente igual a mí pero que acarrea una pesada carga social, por lo cual estaremos equilibrando la situación todo el tiempo. Esto a la larga evitará perjudicar tanto a uno como a otro si ambos tenemos otra visión acerca de la relación, más colaborativa que competitiva.

Por el contrario, quienes simplemente reproducen los dictámenes sociales que les inculcaron (comenzando por su hogar) van a ser más proclives a caer en algún tipo de violencia psicológica. El enemigo número uno, como siempre, es el miedo devenido en terror. El miedo en sí mismo es un mecanismo de defensa, como una alerta de peligro, pero lamentablemente ha sido explotado desde tiempos inmemoriales para generar terror, agudizando la angustia y la desesperación, provocando atrocidades y calamidades de público conocimiento.

Cuando el miedo de otra persona es manipulado hábilmente, puede lograrse quebrar su voluntad incluso sin causar mayores sobresaltos. Esto es algo que se hace desde hace décadas con las publicidades y las propagandas. Así como pueden generar o modificar hábitos de consumo u opiniones políticas, en el ámbito de las relaciones personales permiten a una persona obtener el dominio de otra. El miedo, recordemos, está presente tanto en quien es dominado como en quien domina. De hecho, todo aquel que recurre a este grado de violencia en realidad la ha sufrido antes en carne propia, probablemente en su más tierna infancia.

Estamos nuevamente ante el origen de la reproducción de la violencia. Otra vez llegamos a un atolladero, pues en estos casos poco o nada se hace hoy por las víctimas de este tipo de violencia. Lo peor es que muchos son parejas con hijos, los cuales también inevitablemente son víctimas, indefensas. Así, lejos estamos de disminuir este flagelo, pese a todas las campañas y marchas.

Cuando decimos que se trata de una cuestión social, deberíamos recordar que la base de ésta son las relaciones y que su núcleo, aún cuando disfuncional, es la familia.

sábado, 19 de marzo de 2016

La paternidad responsable desde la mirada de los hijos

Siempre me he abstenido de opinar acerca de la paternidad por no ser padre. Creo que debo hablar a partir de mis experiencias y es por eso que lo voy a hacer desde otro lugar, aquel que quienes se cruzan de rol parecen olvidar.

Soy un agradecido por las posibilidades que me brindaron mis padres, es algo que les agradecí a cada uno en vida (y que recomiendo a cada uno que lo haga) sin embargo, también aprendí a partir de su experiencia qué es lo que no debo hacer cuando sea padre.
Por ejemplo, sostener una relación por el solo hecho de una necesidad económica o de un imperativo moral, religioso, familiar, social, cultural, etc.
O discutir cuestiones de pareja frente a mis hijos o al resto de la familia, probablemente por la necesidad de testigos en la contienda. Así, los hijos nos convertimos en rehenes de una contienda interminable, sinsentido, que conduce a la violencia y que nos marca a fuego como víctimas involuntarias, depositándonos una carga emocional que nos supera ampliamente y que en el mejor de los casos nos llevará años descargar. Además, perdemos la noción de la intimidad y la valoración de la particularidad de cada individuo implicado en nuestras relaciones, reduciéndolos a simples contendientes o peor aun, enemigos.
También de la importancia del diálogo, de compartir una visión conjunta, proyectos, ideas para evitar encontrarse en una situación incómoda e improductiva para todos, que de sostenerse puede corroer no solo las relaciones sino a las personas.
Que la paternidad/maternidad es el verdadero casamiento, es decir, es para toda la vida o no es. Por lo tanto, debería asumirse con la madurez y la seriedad que algo tan importante se merece.
Que no es necesario continuar con una relación de convivencia para asegurar dicha paternidad/maternidad. Las relaciones entre padres e hijos trascienden las sociedades creadas, sea una pareja, sea una familia, y por lo tanto permite la variedad: varias parejas, varias familias. Que de continuar insistiendo se perjudican no solamente los integrantes de la pareja sino fundamentalmente los hijos, quienes percibimos así a la familia como estructura monolítica inalterable, aun en perjucio de sus integrantes. Como hijos, nos sentimos degradados cuando no a simples decorados, a objetos en disputa.

También aprendí que existen límites, aunque en ese caso mis padres supieron imponerlos (a golpes si hacía falta), a través de la experiencia de otros niños que hicieron lo que les vino en gana y tuvieron que aprender dándose fuertes golpes en la vida (algunos no la contaron), otros que simplemente no lo hicieron y hoy son personas inmaduras y caprichosas. Aprendí que como adulto tengo el deber de demostrar mayor sabiduría en la práctica, no mostrando chapa de mayor experiencia por los años o recurriendo a la violencia sino mostrando inteligencia a través de mis actos, la cual se supone debería superar a la del niño. Hoy vemos cada vez más casos de hijos que dominan a sus padres, claramente éstos no saben como marcarles los límites de forma inteligente, es decir, sin recurrir a la violencia. Tampoco sirve recurrir a la tecnología, ningún aparato puede reemplazar este acto fundamental de maternidad/paternidad.

Otra cosa que aprendí es que los hombres podemos hacer las tareas de la casa tanto como las mujeres pueden trabajar fuera de ella. Pese al machismo de ambos, producto de una sociedad en extremo machista, mi padre fue excelente cocinero y se desempeñaba igual de bien en cualquier tarea doméstica como lo hacía en su trabajo. Por su parte, quienes la conocemos sabemos que mi madre es una excelente docente que trabajó ininterrumpidamente desde muy joven. Por suerte esto hoy se está volviendo habitual, pero aun hay resagos de ese machismo putrefacto y no puedo dejar de mencionarlo.

Aprendí muchas otras cosas, tantas que la lista sería interminable. Pero, fundamentalmente, aprendí que nos mintieron y mucho acerca de esta relación. Nos hacen creer los dueños del destino de nuestro hijos, que ellos son la razón de nuestra existencia, la justificación perfecta de nuestros actos, nuestra creación más perfecta, nuestro bien más preciado. Mas nada de eso somos ni nada de eso debemos ser, pues somos otra vida que a través de ellos llegó a existir y nuestro destino estará ligado al entorno donde vivamos, a esta sociedad que integramos, a esta época que nos toca vivir. Como bien dijo Khalil Gibran, somos hijos e hijas de la vida.

La educación la hacemos entre todos

EL PROPÓSITO DE LA EDUCACIÓN
¿Sabe usted lo que significa aprender? Cuando uno está realmente aprendiendo, aprende a lo largo de toda su vida, y no hay un maestro especial del cual aprender. Entonces todo es enseñanza para uno -una hoja muerta, un pájaro en vuelo, un perfume, una lágrima, el rico y el pobre, la sonrisa de una mujer, la arrogancia de un hombre-. Uno aprende de todas las cosas; por lo tanto, no hay guía alguna, ni filósofo, ni gurú. La vida misma es nuestro maestro, y nos hallamos en un estado de constante aprender. Krishnamurti

Estamos aún más lejos que antes de lo que propone Krishnamurti, pues la caída de las imposiciones morales que regían a la sociedad no fueron reemplazadas por ningún consenso, dejando un vacío que nuestra inmadura sociedad no puede llenar.
Podemos hablar horas, días acerca de la iluminación pero la realidad es totalmente otra: la inmensa mayoría vive peor que antes y reproduce modelos previos al anterior imperante: donde no asoma la ley rige el sálvese quien pueda. Pertenecemos a una sociedad que aún es hija del rigor, porque fue (mal)educada de esa manera, y las próximas generaciones ni siquiera responderán al rigor pues no reconocen límites.
 
El punto clave que omite la frase es cómo aprender. Ahí no estoy de acuerdo para nada, nadie nace sabiendo sino que tiene que aprender y para ello es condición necesaria la predisposición al aprendizaje. Si bien la curiosidad nos es innata, no basta para que haya aprendizaje. Para aprender tengo que salir de lo conocido, esa zona tan confortable, y atreverme a recorrer caminos nuevos. Y esos caminos no me serán tan agradables como los conocidos, así que tengo que superar esa incomodidad para lograrlo. En la práctica, no estamos dispuestos a ceder al respecto, tenemos una tendencia hacia la comodidad, así que debemos aprenderlo de alguien. 
En una sociedad organizada como la que vivimos, donde una persona debe concurrir desde temprana edad a establecimientos educativos, no tiene sentido dejar librado al azar un aspecto tan importante como el de la predisposición. Sin embargo, en las antípodas, se le carga al maestro la imposible tarea de lograr la "buena predisposición" al aprendizaje, algo totalmente ridículo sostenido incluso por pedagogos que se supone son los que más entienden del tema. Por otra parte, en la práctica nada sucede si los responsables de esa criatura no colaboran o incluso dificultan la tarea, por no hablar de el grado de violencia que infrigen a los mismos. Por eso hablo de una situación aun peor a la anterior, pues nos encontramos con muchos casos de violencia familiar, con niños en las peores condiciones y una sociedad injusta que mira para otro lado y se lava las manos.
Creo que es hora que tomemos conciencia de lo que sucede, asumamos la realidad y hagamos lo que corresponda como sociedad, creando las leyes que hagan falta, haciéndolas cumplir y colaborando con las tareas. ENTRE TODOS.

sábado, 19 de diciembre de 2015

La importancia de consumir más frutas y verduras orgánicas: su impacto socio-económico

Augusto Bircher: Comprendo de mi suerte, las cosas que tengo al alcance, agua, comida, ropa, computadora, movilidad no es un merecimiento de algunos y un castigo para quienes no lo tienen. El planeta está sufriendo el excesivo consumo de recursos de parte del humano, un argentino con hábitos promedio consume en toda su vida aproximadamente 3 planetas, teniendo en cuenta que esos hábitos se le aplica a 7.300 millones de habitantes, generamos una Huella ecológica negativa.
Como todos sabemos, al no haber 3 planetas, más de un tercio de la población no tiene estos recursos . Espero ser mucho más consciente de todo en el 2016, y ojalá se prenda la lámpara para dañar menos y ayudar un poco más.


Lilia Parisí: Si! Completamente de acuerdo. Sí, quiero agregar Augus, que la falta de recursos en aquellos que no tienen (independientemente del excesivo y nocivo consumo y vínculo con el planeta) se debe a las relaciones de propiedad. Como decís vos "si nos organizamos comemos todos". Todos podríamos comer, si el modo de producción capitalista no abusara de la tierra, y generará ganancias extraordinarias con eso. A mi entender en el "si nos organizamos" entra el fin del capitalismo.

Fede Calosso: Coincido plenamente que con este modelo capitalista es inviable cualquier cambio significativo y sólo nos queda lo peor, especialmente para los humanos y las miles de especies que nos llevamos puestas. Pero fíjate que para generar un cambio de verdad, como bien dice Augus, cada uno tiene que ir tomando conciencia y cambiando su modo de relación, con lo cual llegamos al punto de necesitar un cambio a nivel de relaciones sociales y entre ellas las relativas a la producción y el consumo. También inevitablemente aparecen las políticas públicas, ya nos pasó con Monsanto, con la megaminería, con el fracking, con los desmontes para sembrar soja para alimentar animales, con los alimentos transgénicos. Van de la mano, es parte de la coherencia. Si nos alimentamos con más frutas y verduras de producción orgánica o, como gustan llamar, biodinámica, en definitiva respetando al medio ambiente, necesitamos una mayor producción a baja escala que nos asegure su calidad, por lo tanto eso significaría mayor cantidad de productores agrícolas dedicados a la horticultura y fruticultura y menos tierra dedicada a cultivos extensivos. Esto requiere de otra planificación político-económica, pues requiere fomentar e incentivar esos modos de producción particulares, brindándoles créditos por ejemplo, exenciones impositivas, programas de multiplicación de cooperativas dedicadas al rubro, mayores controles de calidad para asegurar el no uso de agroquímicos, etc. Esto demanda mayor mano de obra (que se perdió con la tecnología de punta aplicada hoy en día que sólo sirve para asegurar mayor rentabillidad pero no calidad, como lo demuestran la calidad de los nutrientes presentes en los vegetales obtenidos mediante estos métodos versus la producción agroecológica, la permacultura y la biodinámica) y una vuelta al campo, una vuelta a la tierra. Es como un desandar el mal camino, sin por ello descartar lo que contribuya a una vida más sana y respetuosa con el medio.

sábado, 12 de diciembre de 2015

Cuando nos olvidamos de la reflexión


A raíz de un breve escrito de Jorge Altamira sobre los primeros pasos del gobierno de Macri como presidente, se entabló un debate bastante interesante (no es poco en los días que corren) especialmente porque me dió pié para hablar acerca de la importancia de la reflexión y la síntesis  como base de nuestros propios aprendizajes, en contraposición al planteo esperanzador de una comentarista. Lo que sigue es su reproducción textual, solamente extraje el nombres de las demás personas intervinientes.
 

que hermoso es cambiar de opiniones sin agredir, como me engrandece a mí como escritora, como ser humano, como persona, gracias Gustavo XXX. Desde los 14 años que soy socialista, mi padre peronista afiliado n° 4 me echó de casa por que me negué siempre a votar en lo que no creía, pero sí creo en el diálogo y admiro al Sr. Altamira , sus ideas fueron siempre claras y entendí el voto en blanco, lo que no comprendo es no aceptar el diálogo.

El pueblo votó por un cambio ¿ por qué no creer que dentro de los cuatro años este gobierno arregle algo y depués vendrá otro que siga desarrollando el engrandecimiento ? ¿Porqué la negatividad y no lo positivo del intercambiar ideas? ¿por qué no creer que todavía quedan pol´ticos honestos? Nunca voté a ningún candidato presidenciable, siempre al socialismo, pero salí a la calle con Alfonsín y ahora, porque siento la alegría de la democracia y tengo fe que algún día el socialismo pueda gobernar el país y cumplir con sus ideales , pero quiero que me demuestren que hay diálogo y que no me equivoqué al elegir, porque ante todo soy argentina y quiero un país , una nación , una patria grande donde todos vivamos en paz, tarbajando , estudiando , conviviendo sin agrsiones ni injusticias...


Está muy bueno tu discurso y te voy a responder en un tono similar, para demostrarte que nada tiene que ver esas agresiones con el estar o no equivocado. Creo que lo que nos engrandece, primero que nada, es la REFLEXIÓN, la gran ausente en varios de los comentarios. Hay una efusividad, te leo hablar sobre la alegría de la democracia, te veo llena de fe y de esperanza. Creo comprender que muchos necesitan de ese gran motor que es la ilusión, la fe y la esperanza. Yo de los tres francamente solo creo en la fe, especialmente en lo que hago, porque si no lo hago con fe, es decir, convencido que vale la pena, no tiene sentido. Luego del "desgaste" que muchos denuncian haber sentido en la relación con el gobierno saliente, con una "mala onda" que llama la atención se enrostran tanto de uno como de otro lado (no me olvido de la frase archi-repetida "la cadena nacional del miedo y el desánimo") y tras la algarabía irreflexiva del cambio consumado y esperado, tras escuchar las noticias sobre las primeras movidas realizadas por el flamante presidente, es lógico que allá lejos, lejos (quizás aún más lejos, depende el caso) una vocecita tenue, casi languideciente nos encienda la señal de alarma. Alarma que evitamos a toda costa, porque después de tanta pelea queremos disfrutar, queremos sacarnos la mufa, queremos descocarnos de tanta fiesta extrañada (van ¿cuántos, 16 años? claro, mucho tiempo sin pizza y champán) y desempolvamos (algunos y algunas las tienen relucientes de tanto que las usan) nuestras racionalizaciones, las más absurdas, aquellas que rozan con la ingenuidad propia de la niñez (qué ternura, qué belleza de edad, sin tanto en que pensar, sin tantas complicaciones ni remordimientos, y esa enooorme libertad, cuánto goce ¿no?) que resumimos en dos palabras: ILUSIÓN y ESPERANZA. Estamos muy bien educados tanto para reproducirla constantemente como para replicarla (y para darle muuucho trabajo a los psicólogos, que a esta altura le deben querer montar un monumento a las religiones judeo-cristianas) desparramando el mensaje. No importa que nunca suceda, no importa que no tenga siquiera chances de suceder debido a las abrumadoras evidencias, lo importante es CREER.
En este estupor nos sumergen los DOGMAS. Son precisamente lo contrario a la CRÍTICA, aquel esencial ingrediente de la reflexión. Si fuera por los dogmas, aún estaríamos en la Edad Media. Recuerden, el disenso se pagaba con la hoguera. Luego que los poderosos se enfrentaran al poder que ostentaba el dogma, sus defensores tuvieron inevitablemente que CAMBIAR DE DISCURSO. Como diríamos hoy, ya empezaba a estar mal visto. Pero en medio de esa tremenda conquista social corrió mucha, muchísima sangre. Qué digo sangre, ardieron miles de personas. Simplemente por animarse a cuestionar el dogma. En algún punto cercano, quizás luego de la atroz Segunda Guerra Mundial y viendo las nuevas generaciones que lograban imponer su voz, de reflejar su alegría, el dogma sufrió nuevamente un duro revés y nuevamente tuvo que cambiar el discurso. Ya no más aburridas congregaciones celebradas en latín, el silencio sepulcral y la penitencia; bienvenidos el reino de la cordialidad, la hermandad y el amor (eso sí, siempre dentro del dogma) aunque sea más un discurso que una realidad. ¡Qué bella expresión de deseos! Es inevitable que venga a mi mente el tema Imagine de John Lennon, el recuerdo de los Beatles, el submarino ... amarillo. ¡Colores, muchos colores, y flores y guirnaldas y globos! Epa, esto me trae nuevamente a nuestro tema. Qué bello es ser alegre, cuánta belleza encierra una sonrisa, cuán sanador es la risa y los momentos de alegría. Que se sepa, los zurditos nos alegramos, aún sabiendo que hay tantas razones para no hacerlo. CONCIENCIA. Porque no sólo se trata de discursos, debates, diálogos, manifestaciones, huelgas y tomas.
¿No se te ocurre preguntarte qué lo moviliza a alguien como Jorge Altamira para seguir con su entusiasmo, pese a remar muchas veces en el desierto, solo contra todos en esas entrevistas exprés que suelen conceder los medios hegemónicos y que valen tanto para poder difundir las ideas, para hacer visible, para hacer escuchar una propuesta, un programa para la clase obrera? Bien podría quedarse piola en casa, quizás escribir como nosotros desde la compu y listo, ¿no? Disfrutando quizás de su jubilación, que bien merecida se la tiene con tanto trajinar en esta lucha. Con solo escucharlo te das cuenta que no hay agresión u odio, allí hay años de experiencia, de muchos golpes y pocas conquistas, pero muy bien atesoradas, de mucha, pero muchísima reflexión. Y de algo también fundamental, la aplicación del resultado de esa reflexión. El CAMBIO.
Como te podes dar cuenta, el cambio empieza por casa, por nosotros mismos y no distingue ámbitos; sea en la cuestión de las ideas, de la política, de tareas domésticas, de procedimientos elementales o competencias adquiridas, de los vicios, o los hábitos alimenticios; en fin, sea cual sea el ámbito, no hay aprendizaje sin experiencia, reflexión sobre la experiencia y síntesis, o cambio como les gusta ahora decir.

martes, 8 de diciembre de 2015

A mis colegas y a los trabajadores en general

Veo como siempre la misma confusión burguesa de siempre. Les han lavado el cerebro muy bien, pues defienden a los candidatos del sistema, llámese Macri, Scioli, Massa (que como perdió no lo nombran, como si esto fuera un juego) cuando ninguno defiende nuestros intereses como trabajadores. Leo mucha bronca y dolor por otro engaño más, pero como siempre, el debilitado escupe para abajo y se desquita, nunca muerde la mano del amo. Por eso buscan excusas rebuscadas para pegarle a la izquierda, porque no se bancan reconocerse como trabajadores, quieren ser clase media, ese invento capitalista para promover el consumismo y la insatisfacción, la ilusión de la movilidad social. La izquierda votó con dignidad, votamos con dignidad, una palabra que no veo reflejada en actos hace rato, viendo cómo todos venden sus sueños tras un "mal menor" que para unoses Macri y para otros era Scioli. La mediocridad es tal que no se dan cuenta cómo traccionaron hacia la derecha en estos últimos años llevándonos a este punto de tener dos candidatos impresentables, fieles representantes de la oligarquía, nacional o transnacional (uno más ligados al nuevo orden mundial, otro al BRICS, ambos ultracapitalistas) y terminaron haciéndole campaña a quien nos va a sumir en otro ajuste, tarifazo y represión. No se dan cuenta que estos partidos están para frenar la movilización, evitar el estallido social, mediar con los más perjudicados, los trabajadores, para que siempre terminemos pagando las crisis de los capitalistas mientras ellos siguen haciendo sus negocios. El peronismo fue lo mejor que le pudo ocurrir, aunque la oligarquía argentina tradicional es tan asquerosamente conservadora que ni siquiera se aviva de eso, porque quiere todo para ellos. A ellos les viene bien un Macri, aunque no les beneficie tanto como los kirchneristas por simple repulsión, mientras los mercenarios de siempre, avivados, los apoyaron siempre para seguir con sus negociados, incluyendo las mafias y el narcotráfico. ¿Cúal es la propuesta del peronismo? un acuerdo de clases, para que el trabajador siga como está ganando lo mínimo necesario para tenerlo contento y los capitalistas sigan haciendo su negocio. Es una ilusión, una gran mentira, es ignorar el funcionamiento del capitalismo, que es uno solo, globalizado y que actúa fagocitando, como un gran gusano insaciable, con su objetivo de maximizar ganancias, es la nueva versión de la guerra ahora trasladada a las finanzas, aunque la mayoría lo ignore es un ciclo en continuo funcionamiento y ya se llevó puesto a Europa y a los EEUU, me refiero al pueblo trabajador y a la supuesta clase media, hoy pierden sus bienes para seguir alimentando la voracidad capitalista. Pasa en las fábricas recuperadas, los trabajadores recién ahí toman conciencia de cómo funciona el sistema cuando toman el control y descubren cómo los capitalistas se llevan la mayoría de lo que se produce mientras ellos le pusieron años el lomo.
Afortunadamente, cada vez son más los que despiertan a esta realidad, ahora no tienen excusas como el cuco del comunismo, pero hay una gran barrera cultural, una barrera que impusieron desde el primer golpe militar de 1930, son ya 85 años de negar a la izquierda, de ignorarla, a pesar que fueron anarquistas, socialistas y comunistas los que crearon los sindicatos y dieron su vida a defender hoy conquistas laborales que vemos perder a manos de quienes dicen defendernos, las ocho horas laborales, las vacaciones pagas y el aguinaldo, todas reivindicaciones de la izquierda que un gobierno oportunista brindó para ganarse a las masas. Es la historia de nuestra clase trabajadora, ir atrás del que le da un beneficio sin mirar quién es realmente, sin traccionar políticamente para lograr mayores reivindicaciones, la entrega del poder en el salvador, el líder que los va a sacar de la mala, el tema de no hacernos cargo de la lucha y depositar en otro todo el trabajo, el esfuerzo. Los trabajadores debemos defendernos nosotros mismos, SIN INTERMEDIARIOS, ya vemos los sindicalistas peronistas la mala vida quellevan a nuestra costa, ni siquiera son trabajadores, lo mismo pasa con los políticos. Necesitamos tomar conciencia que solamente los trabajadores podrán representar nuestros intereses. Sin embargo, los expulsamos de los gremios para seguir enquistados en el poder, como pasa con Vilca en el SEOM de Jujuy, un auténtico trabajdor y militante expulsado nada menos que por el perro Santillán, volviendo realidad la letra de Sr. Cobranza de Las Manos de Filipi.
Legisladores del FPV que votaron leyes contrarias a los trabajadores propuestas por el PRO en CABA, en Córdoba, ¿a esos representantes queremos? si eso no les alcanza les recuerdo que es el mismísimo kirchnerismo que se asoció a Monsanto, a Chevron y que promueve la megaminería a cielo abierto, prohibida en los países de origen de las mineras por las consecuencias desastrozas que ocasionan, al igual que pasa con el fracking o con los transgénicos y agroquímicos. Esto es gravísimo, la contaminación y el daño generado alcanzó una dimensión histórica, es inadmisible que como pueblo sigamos mirando para otro lado mientras nos envenenan, ¡amor propio! Digo, empecemos por casa, valorando la vida y vamos a ver la conexión enseguida con el capitalismo, toda esta destrucción suicida sólo tiene una explicación: DINERO. Cualquier versión capitalista, como acabamos de probar, nos conduce a la destrucción, más lento o más rápido. Por eso necesitamos luchar por cambiar de verdad, cambiar este sistema mundial. Ahora se lleva a cabo la cumbre climática, es vergonzosa la hipocresía de los gobiernos para no comprometerse con políticas ciertas, eso demuestra que sin nuestra lucha ellos nos van a conducir a la perdición, siempre nos van a llevar a estar peor.
Una nueva hora comienza en latinoamérica, donde las máscaras se retiran y nos muestran su peor cara, la verdadera, no la que te bombardea constantemente con anuncios, publicidades, promociones y marketing. Una nueva hora donde las personas, no la gente, comenzamos a despertar del dulce letargo conformista que nos ofrecía el veranito capitalista, un viento de cola que nos lleva, como un remolino, dando vueltas y vueltas hacia el fondo con espejitos y globitos de colores -ayer celestes, naranjas, hoy amarillos, quizás mañana verdes o rosas- para salirnos de este bote suicida, braceando hacia fuera de este desenfreno destructivo, tras una vida más sana, más consciente, más libre, más responsable, más comprometida con la vida misma, más simple, más feliz.

lunes, 7 de diciembre de 2015

Ser o no ser Vegano: el peligro de la estupidez

Me parece una nota ridícula la del diario que la trata como una verdad. En primer lugar, veo que me falta el respeto, porque debo ser de las personas más reflexivas ante estos cambios. Cuando la mayoría en mi lugar ya hubiera adoptado una dieta vegana, yo aún le estaba dando vueltas al asunto, profundizando en todos estos análisis. Es, literalmente, una estupidez pensar en RELATIVIZAR para JUSTIFICAR = RACIONALIZACIÓN. Es una vieja táctica mental que forma parte de las CONDUCTAS DEFENSIVAS. Sin embargo, lo de Claudio Bertonatti representa algo muy duro pero que debemos asumir: la ESTUPIDEZ. No en el sentido de decir que este señor es estúpido, no se trata de insultarlo o faltarle el respeto a nadie. Me refiero a su verdadero significado, a la estupidez como aquello que HACEMOS SIN PENSAR, IRREFLEXIVAMENTE.
Por ejemplo, VOLVERME VEGANO PORQUE ME DICEN QUE ASÍ EVITO MATAR ANIMALES ES ESTÚPIDO, porque NO REALIZO NINGUNA REFLEXIÓN, NINGÚN CUESTIONAMIENTO, NO ME TOMO EL TRABAJO MENTAL DE CONFRONTARLO.
Es evidente que este señor representa a esa actitud, pues sus argumentos no resisten el más elemental análisis: PONER A LA MISMA ALTURA UNA DIETA QUE MASACRA MILLONES DE ANIMALES POR DÍA, QUE ES RESPONSABLE DE LA DEFORESTACIÓN Y DE LA MAYOR POLUCIÓN AMBIENTAL GENERADORA DE CAMBIO CLIMÁTICO A LA PAR DE OTRA DONDE EL IMPACTO AMBIENTAL ES MENOR INCLUSO A LA DE UN SIMPLE ASENTAMIENTO HUMANO CARECE DE TODA LÓGICA, considerando que no hay mala intención.
Me encargué personalmente de revisar los argumentos contrarios al veganismo y la mayoría son FALACIAS de este tipo, que YO MISMO TAMBIÉN CREÍA, por ejemplo que las plantas también sienten como los animales, o que era necesario comer carne para nuestra salud.
Al veganismo hay que cuidarlo de volverlo un dogma. Hoy en día, lejos de serlo, está basado en un ESPÍRITU CIENTÍFICO CRÍTICO, a la vez que CONVIVE CON CIERTAS CREENCIAS Y/O CUESTIONES ESPIRITUALES que comparten su esencia.
Supongamos que la producción de cereales orgánicos, como los que consumimos la mayoría que nos tomamos en serio la parte dietaria del asunto, en su afectación al ecosistema genere la muerte de animales de diversas especies. Ahora comparémoslo con la dieta que incluye carne: esta dieta omnívora también incluye cereales, con lo cual ya IGUALAMOS la matanza de animales a la dieta vegana; pero esos cereales son ultraprocesados por instalaciones industriales que también no sólo contaminan sino que en su impacto ambiental causan la muerte de miles de animales, aún más que la simple producción del cereal. Fíjense que aún no mencioné el impacto de los productos de origen animal, pero en caso que bastase esta diferencia, basta comparar el impacto de obtener 1 kg. de carne a 1kg. de cereal: para obtener la carne, debo contar con el alimento del animal, el cual DEJÓ HACE RATO DE PASTAR LIBREMENTE POR LOS CAMPOS, como suelen creer muchos ilusos. Nuestros campos están ocupados en más del 90 % con PRODUCCIÓN FORRAJERA Y/O ENERGÉTICA. Sí, entérense, ARGENTINA UTILIZA TIERRAS APTAS PARA CULTIVO DE ALIMENTOS EN PRODUCIR MAÍZ TRANSGÉNICO COMO INSUMO DEL BIODIESEL. Otra estupidez cuya única justificación es el AFÁN DE GANAR DINERO a costa de RECURSOS ESTRATÉGICOS como el AGUA: entre 18.000 y 22.000 litro de agua POR HORA son contaminados para obtener este combustible "SOSTENIBLE".
Aclarado esto, 1 kg. de carne insume entre 15.000 y 20.000 litros de agua, mientras que 1 kg. de trigo unos 1.300 litros, 1kg. de papas 900 litros y 700 litros para 1 kg. de manzanas. La DEFORESTACIÓN es actualmente CASI una EXCLUSIVIDAD CÁRNICA: más del 90% de selva amazónica deforestada corresponde al uso de ganadería o forrajería. La deforestación del Amazonas significa la tercera parte de la deforestación mundial, en tanto que la de Indonesia el 15 % (esta última destinada mayormente al aceite de palma, que aquí no se consume y que no es un alimento típico de dietas veganas). En ambas el destino mayoritario es la agricultura con más del 80%. La mayor biodiversidad de especies se encuentra en estos lugares, así que si hablamos de matar animales, destruir hábitats enteros, de extinguir especies, esta es la principal causa. Como podemos ver, si nos tomamos el trabajo de investigar un poco (hay excelente material científico en este tema disponible en la web) vamos a descubrir que la realidad es aún más grave de lo que creemos y que la brecha entre consumir productos animales y no hacerlo es aún mayor.
Pero, insisto, vale la pena que cada uno se interiorice de ello para no caer en la estupidez. Por ejemplo, de pensar que no voy a matar a ningún animal por hacer tal o cual dieta, indefectiblemente a menos que llevemos una vida asceta y respetuosa de los animales nuestra simple existencia en una sociedad como la actual seguirá causando destrucción de hábitats y muertes de animales, pero el impacto de llevar una dieta vegana es tan significativo como para hacer la diferencia.

sábado, 5 de diciembre de 2015

Cambiemos el mundo, ¿cambiemos la educación?

de la antropóloga Noemi Paymal.
Sigo insistiendo en que las propuestas innovadoras suenan muy bien pero terminan aportando poco. Aquí hay una teoría bastante descabellada en el punto acerca de las virtudes de los niños, una visión en extremo positiva que sobreestima su capacidad. Es cierto que un niño tiene un potencial enorme, pero también es cierto que a menos que pretendamos generar seres extraordinarios pero a la vez parias sociales debemos inculcarles una formación básica con contenidos elementales que sean útiles para manejarse en la sociedad. Eso también es educación emocional, no es simple desafío intelectual, sino ignoramos lo que siente un analfabeto, alguien de otra cultura o alguien que simplemente no sabe matemáticas básicas. Estos contenidos deben ser definidos en función de su aplicación en sociedad, es decir, su valor corresponde al grado de interacción posible que me brindan con el resto de la sociedad. También considero importante la formación básica destinada a desarrollar al individuo como persona, creo que ese es el aporte más importante para hacer en la educación básica. Pero no veo ni por asomo los alumnos que dice esta señora. Al contrario, creo que los niños de la actualidad simplemente desarrollaron más otras habilidades en lugar de las que desarrollamos nosotros, entonces no pueden ser ni mejores ni peores sino DIFERENTES. Siempre cuento la anécdota de cómo mi generación, bisagra, la primera que vivió la revolución tecnológica de la PC e Internet se supo (y se sabe) valer mucho mejor que la siguiente que nació en medio de esa revolución. Esto es porque fuimos formados con herramientas cognitivas propias de la anterior generación y preparado luego para adaptarse a los profundos cambios que traía consigo dicha revolución. Lamentablemente hay una visión generalizada demasiado positiva acerca de la tecnología y esta se ha extendido a la ciencia. Una falacia monumental que falla desde la base: creer que el manejo de tecnologías complejas desarrolla personas más evolucionadas. Es tan grave porque es exactamente al revés. La verdadera dependencia tecnológica es la necesidad de esta última por sobre nuestras propias capacidades, por lo cual nos lleva indefectiblemente a un retroceso. Es a lo que estamos asistiendo: una generación que hoy tiene una expectativa de vida menor que la de sus padres, a la que le cuesta generar vínculos afectivos dada su inexperiencia temprana por pasar mayor tiempo interactuando con tecnología en vez de personas y a la que, por lo tanto, todo le va a costar el doble o más que a nosotros. Los resultados hablan por sí mismos y son el resultado de nuestro sistema de vida contemporáneo. Pero además de plantear estos argumentos generales, puedo atacarlo aún mejor cuando me centro en lo específico: las tecnologías que dominan las nuevas generaciones. Son multimediales, multitarea, instantáneas. Las redes sociales proponen un modo de interacción más horizontal y más personalizado. Los teléfonos móviles les permiten estar conectados todo el tiempo, le orotgan un carácter de simultaneidad. Resumiendo, para no explayarme ms en ejemplos, las características que se le aducen a los niños en realidad provienen de las tecnologías con las cuales ellos interactúan. Lo cual no deja de parecer sorprendente, pero si pensamos por un momento que de pequeños tienen una mejor receptividad, nuestro cerebro actúa como una esponja absorbiendo conocimiento suena hasta lógico.
Ahora, si pensamos el grado lúdico al cual se deben enfrentar, nos vamos a llevar una gran sorpresa, pues se trata de tecnologías pensadas para brindar la mayor accesibilidad posible, incluso hasta un niño. En pocas palabras, tan temprano como pudieron adaptarse a la interacción propuesta por la tecnología, cesa el desafío y aparece el entretenimiento. Rescato entonces el interés por lo lúdico, por el desafío, pero justamente las nuevas tecnologías son de los peores lugares donde encontrarlo. ¿Cómo se explica sino que un juego como el Diamond Crash sea el más popular en este ámbito? Se trata justamente de un ejemplo de la "vieja escuela", pero mejor puedo citar la atracción de muchos chicos hacia juegos clásicos como las damas o el ajedrez. Si se fijan en los juegos populares de video, van a ver que cada uno representa una versión diferente de la misma base violenta de acción en primera persona. Cada vez tratan de parecer más reales, no hay duda de ello. Y están consiguiéndolo. Tal es el punto que a muchos de estos "geniecillos" los han contratado los servicios de inteligencia para comandar drones militares. Nuevamente, un ejemplo extremo acerca de la necesidad de inculcar valores, necesidad de formación básica.
Ahora bien, ¿qué se contrapone a esto? Digo, pues, si tanta tecnología abocada a brindar una experiencia cada vez más real nos embota los sentidos, nos aletarga mentalmente y sentimentalmente al punto de reducir nuestro comportamiento a poco más de un autómata, ¿qué propuestas podemos ofrecer que en verdad incentiven el desarrollo de nuestros niños?
Tal como lo vengo planteando, todo desafío lúdico, mientras menos sofisticado pero más difícil sea, tanto más colaborará con el desarrollo pues obligará al niño a salir de su zona de confort, como vemos básicamente el aprendizaje comparte la escencia más allá de la edad en la cual lo realicemos.
Pongo por ejemplo algo tan simple como interpretar una historia. La tecnología nos puede recrear todo el mundo propuesto por esa historia de una forma admirable, al menos en el ámbito audiovisual. Esto sin dudas le coharta la posibilidad de imaginar él mismo todo ese mundo, sus personajes, situarlos en un determinado lugar, relacionarlos con personas o personajes conocidos, etc. La forma más desafiante, sin lugar a dudas, es a través del relato oral. Porque además de las dificultades mencionadas interviene otro factor, el tiempo, en la forma de la imposición de un ritmo de narración. Si me detengo demasiado imaginando algún fragmento de la historia, pierdo el hilo y ya no puedo seguirla, o la interpreto recortada. Una tecnología que facilita esto es el registro, si grabo la narración puedo luego volverla a escuchar; si la "desgrabo" (la escribo) puedo leerla y releerla. Como podemos ver, disminuimos la dificultad en un aspecto, pero lo aumentamos en otro: ahora no tenemos un registro de lo gestual, que a veces no necesita de palabras y resulta mucho más efectivo. Aparece la posibilidad de múltiples interpretaciones muy diversas a partir de la mirada de cada lector, o mejor dicho, de la forma particular de percibir de cada uno. Si además acompaño el relato con gráficos, vuelvo a disminuir la dificultad. Si además le otorgo movimiento, disminuyo mucho más la dificultad. Y así podríamos seguir, el límite lo impone la tecnología disponible.
Por eso propongo una verdadera revisión del aprendizaje, una que contemple también los métodos tan denostados en la actualidad, como el de la escucha en silencio (todo un desafío para estos tiempos tan locuaces) el de la repetición y las rutinas, el de la lectura y del cálculo, el de la motricidad y la creatividad (ambas totalmente denostadas en los últimos cambios de currícula y tan necesarios) a la par de las nuevas habilidades para determinar nuevamente cuáles son las más adecuadas para los niños y para cada momento de su vida.
De mi experiencia docente rescato como cambio obligatorio el formato de cohortes por año de nacimiento en cada curso, es algo que en la práctica no funciona pues cada uno se ha desarrollado de forma diferente en cada ámbito y necesita seguir su propio ritmo, sin importar demasiado la edad (con los límites que imponga la conviencia de diferentes edades), pues sabemos de sobra que siempre estamos en edad de aprender.

sábado, 21 de noviembre de 2015

La defensa del verdugo por sus propias víctimas

En defensa del capitalismo, así argumentan quienes defienden a Scioli. Como trabajador, como ser pensante, no puedo dejarme engatuzar por este viejo artilugio demagógico del mal menor. Debo defender mis intereses de clase, que nada tienen que ver con ambas propuestas. En ambas salgo perdiendo. Claro, para la "clase media" es diferente, pues responde al capitalismo y lo defiende a capa y espada, pues cree posible su realización individual dentro del sistema. Es otro atrapado más en este espejismo. Que hoy ve amenazadas las conquistas que en la práctica trata como concesiones, pues las asocia al gobierno ignorando el proceso imprescindible de luchas que condujo a alcanzarlas. Es lo que hizo Perón con los históricos reclamos de la clase obrera que defendieron con su vida militantes anarquistas, socialistas y comunistas décadas antes de la existencia del peronismo. Es lo que desde entonces intenta hacer, frenar todo intento de reivindicación de la clase obrera por parte de la izquierda quien justamente las inició a finales del siglo XIX. Es el intento constante de negar la historia de la clase obrera y de su triste destino subyugado a la clase dominante bajo fútiles promesas de bienestar. Bajo su falso discurso progresista esconde su profundo rechazo clasista, su negación a considerarse parte de la clase obrera, sus temores y su falta de agallas para pelearla desde abajo, su falsa utopía de bajo vuelo, eternamente condenada al mundo de lo posible. Es la mediocridad política hecha carne, la misma que se deja seducir una y otra vez por los encantadores cantos de sirena del capitalismo, que le prometen una y otra vez un lugar en el paraíso de los más pudientes, paraíso cada vez más exclusivo y excluyente. O, peor aún, es la complicidad fatal de la inacción, aquella que certeramente advirtiera Albert Einstein acerca de quienes se conforman con mirar lo que sucede desde sus cómodas butacas de espectador que el propio sistema les reserva, aunque en el fondo lleven una chispa, un recuerdo primigenio de su verdadero origen y su verdadero lugar dentro de este estridente concierto disonante, la misma que volverá a encenderse cada vez que una calamidad financiera, o un estrepitoso golpe de timón político los coloque nuevamente a nuestro lado en el fragor de la lucha.